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Tag Archives: El Crimen de la Guerra

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¡A la calle por Justicia!

AASP con QDLR

Ayudando Argentina Sin Permiso con Que Devuelvan Lo Robado

 

“No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos. La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que Jehová tu Dios te da” (Deuteronomio.16.19-20).

 

 

Como sociedad nos hemos hundido en una inmunda y maloliente ciénaga moral de la que todos, por acción u omisión, somos culpables, claro que en diferente grado. Resulta incomparable la responsabilidad que le cabe a quien entrega su documento de identidad -que permitirá el robo de su voto- a cambio de dádivas para poder simplemente alimentar a su familia, y la del empresario que paga una coima -que siempre cargará al precio del contrato- para obtener ventajas indebidas o la del funcionario que la recibe.

 

También somos culpables quienes aceptamos mansamente que todo esto continúe ocurriendo en nuestro país, mientras miramos indiferentes cómo continúan en libertad tantos personajes acusados de delitos no excarcelables, comprometidos por infinidad de pruebas que intentan adulterar, exhiben impúdicamente sus riquezas mal habidas y se ríen a carcajadas de sus conciudadanos, a muchos de los cuales han llevado a la pobreza más extrema con sus latrocinios.

 

La reciente muerte de Aldo Ducler ha hecho revivir la memoria de los monumentales desfalcos de los que hemos sido objeto: YPF, los fondos de Santa Cruz, IBM, Siemens, Skanska, Sueños Compartidos, trenes, aviones, gasoductos, centrales nucleares, represas, puentes, caminos, viviendas, escuelas, hospitales, hoteles, cloacas, agua potable, Ciccone, PAMI, IOMA, ANSES, AFJP’s, indemnizaciones a terroristas, remedios “truchos”, universidades, pesca, oro, el Instituto del Cine, contratos de dólar futuro, Odebrecht. British Petroleum y miles de etcéteras.

 

Sólo la decisión de Néstor Kirchner, explicada hace muchísimos años por tantos analistas (incluyendo a quien esto escribe) de robarse el 25% de la petrolera fue la causa mayor de nuestros males, comenzando por la inflación y el gigantesco déficit público. La caída en la producción y en la prospección de hidrocarburos obligó a la masiva importación de gas (otro brutal negociado) y se llevó las pocas reservas del Banco Central que se habían salvado de la depredación.

 

Los ciudadanos hemos permitido calladamente que, desde hace décadas, quienes deben administrar justicia en nuestro país sean elegidos por favores del poder de turno, y los jueces los devuelven con el permanente “cajoneo” de las causas que le resultan sensibles. Como verdaderas aves de presa, se han posado en el tejado de Comodoro Py y, desde allí, husmean el aire pútrido en busca de nuevas víctimas mientras protegen a los depredadores.

 

Pero no se trata sólo del fuero federal; los males afectan también a la Justicia ordinaria, como lo prueba el avance de la inseguridad cotidiana, sobre todo en los conurbanos de todo el país. Violadores, asesinos, narcotraficantes campean a sus anchas y se llevan la vida de hombres, mujeres y niños, en crímenes cada vez más violentos y salvajes.

 

Por delitos infinitamente menos graves que los comprobadamente cometidos por Cristina, Máximo y Florencia Kirchner, Lázaro Báez y sus hijos, Amado Boudou y sus testaferros, las hijas del “Bombón” Mercado, Julio de Vido, Cristóbal López y De Souza, Insfrán, Fellner, Alperovich, Capitanich, Aníbal Fernández, los Eskenazi, Ferreyra y Electroingeniería, y tantos otros, nuestras cárceles están repletas de presos; sin embargo, estos figurones, directamente responsables de la miseria que afecta a más del 30% de los argentinos y de la muerte por inanición de tantos chicos, disfrutan de una libertad que ya se ha transformado en un cachetazo en la cara de la sociedad entera.

 

Por eso -no por venganza sino por legítima defensadebemos convertir el viento, que sin duda ha borneado, en un fuerte huracán que barra, de una buena vez, con tantos magistrados indignos de ocupar sus cargos y purifique el fétido olor que emana de nuestros tribunales. Cuando digo que debemos hacerlo en defensa propia, no me refiero sólo a impedir que estos malandras continúen decidiendo sobre nuestra libertad, nuestra honra y nuestro patrimonio, sino también a la necesidad que, como país, tenemos de contar con un Poder Judicial serio, preparado, independiente y rápido.

 

Porque está visto que, hasta que ese verdadero milagro se produzca, no podemos esperar que llegue a nuestras playas el aluvión de inversiones, siempre anunciado y nunca concretado. Sin él, no nos resultará posible convertirnos en un país desarrollado y próspero, condenándonos a subsistir en esta insignificancia que tantos esfuerzos nos costó conseguir.

 

Es cierto que, desde diciembre de 2015, el gobierno de Cambiemos nos ha reinsertado en la vidriera global, y hemos visto por aquí a los máximos líderes mundiales mientras, a la vez, Mauricio Macri ha visitado a las naciones más importantes; se han firmado centenares de acuerdos bilaterales, pero no se concretarán mientras los potenciales inversores, sean propios o extraños, no confíen en que, en caso de conflicto, nuestros jueces fallarán conforme a derecho y no, como sucede hoy, según sus propios intereses o los de sus mandantes políticos o empresariales. Usted mismo, querido lector, ¿pondría un dólar en un país cuyo Congreso dicta leyes, y el Poder Judicial las aplica, con efecto retroactivo?

 

Un pequeño paréntesis: no puedo imaginar a Mauricio Macri en actos de homenaje a los asesinos “malos” de Manchester, Londres, Paris, Niza, Nueva York, Orlando, Bogotá, San Sebastián o Madrid y, por eso, me parece insólito que el protocolo oficial argentino haya llevado a Angela Merkel, Barak Obama y François Hollande, entre otros, a visitar el “Parque de la Memoria-Tuerta” y llorar por los terroristas “buenos”, tan premiados ellos con cargos y dólares.

 

Porque no debemos olvidar, por ejemplo, que una bomba de Montoneros, en el comedor de una dependencia policial, mató a 23 personas e hirió a más de 60, o que otra, colocada en un avión por el ERP, asesinó a decenas de gendarmes. Y tampoco debemos hacerlo con las más de 17000 víctimas civiles de esos mismos “jóvenes idealistas”, que nunca fueron siquiera reconocidas por el Estado. ¿A qué extremos de hipocresía nos llevará el discurso “políticamente correcto”?

 

Para regresar a la necesidad de contar con un Poder Judicial como Dios manda, insisto en que la ciudadanía debe tomar el problema entre sus manos, como lo hace día a día en Venezuela y Brasil, pese a que esas verdaderas multitudes han obtenido tan disímiles respuestas. Basta recordar que un Juez federal con asiento en Curitiba, Estado de Paraná, se ha convertido en la figura pública más popular entre nuestros vecinos, que están dispuestos a blindarlo frente a los avances de los poderosos.

 

No esperemos que nuestros ¿honorables? legisladores asuman como propia esa tarea porque, si lo hicieran, muchos de ellos mismos terminarían presos, ya que han convertido al Congreso en un verdadero aguantadero, como lo demuestra la desesperada lucha por integrar las listas partidarias en pos de fueros, cuyo verdadero objetivo también hemos deformado.

 

La semana pasada propuse a mis colegas que asumieran la heroica actitud de denunciar a los jueces y fiscales que incurran en faltas graves en el ejercicio de sus magistraturas, aunque aclaré que no tenía demasiada confianza en la aceptación de esa sugerencia. También propuse, y hoy insisto, que todos los ciudadanos, en una concentración tan masiva como fue la del 1° de abril y replicada en todo el país, manifestáramos pacíficamente nuestro hartazgo.

 

No permitamos más que cuatro o cinco cretinos, hijos de mala madre, hipotequen nuestro futuro y el de nuestros descendientes. Salgamos a gritar, bien fuerte y remedando a Gabriel Celaya, “¡A la calle!, que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo”.

(Nota del Editor de este Blog desde Chicago):  

   

 Es hora de escuchar una y otra vez, al levantarnos y al fin de cada dia. la Imperiosa DEMANDA del …   “AZORADO ESPANOL” … que nos sigue ROGANDO que despertemos para volver a ser lo que NUNCA dejamos de ser : “ARGENTINOS POR NACIMIENTO y aun despues de muertos… y que hagamos lo que en este Mundo somos LOS UNICOS CAPACES DE HACER CON EXITO…

A Z O R A D O 

A Z O R A D O 

A   Z   O   R   A   D   O 

 

Bs.As., 10 Jun 17

 

Enrique Guillermo Avogadro

Abogado
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“Debería haber un día -sólo uno- en que se abra la temporada de caza de congresistas”. Will Rogers

 

Repulsión y Solución

A más de dos años de la muerte del Fiscal Alberto Nisman, de la que aún no sabemos siquiera cómo se produjo, un nuevo enigma surgió el jueves en Buenos Aires con el sospechoso deceso del financista Aldo Ducler, casualmente también a dos días de haber formulado una muy grave denuncia contra los Kirchner y su entorno.

 

El problema principal que afecta a nuestro país es la inexistencia de una Justicia independiente, seria, eficaz y rápida. Y lo sostengo porque no hay un potencial inversor en el mundo, sea argentino o extranjero, que esté dispuesto a traer un solo dólar a la Argentina y someter sus intereses particulares a la decisión de nuestros jueces; la mayor prueba de ello es que, en los más que escasos contratos que se han firmado, se acuerda la jurisdicción de otros países, en general Estados Unidos y Gran Bretaña, para dirimir los conflictos. ¿Se acuerda del famoso Juez Griesa?

 

Aquí no se ha producido una situación similar a la de Brasil, donde la Justicia, innegablemente por la extrema presión de la muchedumbres en las calles, ha vuelto a ser eficaz y recuperado un enorme crédito social, a fuerza de investigar y llevar a la cárcel a funcionarios, políticos y empresarios que aún detentan poder, y qué decir de quienes ya lo perdieron.

 

El asco hizo que cerrara mi nota anterior con una frase premonitoria, referida a la actuación del Consejo de la Magistratura frente al Juez Eduardo Freiler: “si lo salva, como hiciera tantas veces con Norberto Oyarbide, el organismo se habrá cubierto de oprobio una vez más, y los ciudadanos de a pie sabremos que la Argentina ya no tiene futuro alguno”.

 

Jorge Candis resolvió retirar su apoyo al comienzo del proceso de remoción al corrupto integrante de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal, enriquecido inexplicablemente durante muchos años y acreedor de innumerables favores hechos al kirchnerismo a través de sus sentencias. El representante de los académicos se sumó así a los siete votos seguros -sobre los dieciséis totales- con que contaba Cristina Fernández en el organismo que debiera controlar la conducta de los magistrados nacionales y sancionar o destituir a los delincuentes.

 

  El resto de esa infame recua está encabezado por Gabriela Velázquez, una Juez laboral que, hace no mucho tiempo, fue ponderada por la ex Presidente como una de sus piezas claves en el andamiaje judicial que montara con su famosa Justicia Legítima, casi tanto como Alejandra ¡Giles! Carbó, la Procuradora General de la Nación, tan sospechada de robar y tan difícil de remover.

 

El fracaso del Consejo (o el triunfo de la dupla Cristina/Freiler) es, ni más ni menos, que la punta de un ovillo que confirma que aquí la ciudadanía se encuentra inerme frente a la gigantesca corrupción judicial y que todos continuaremos sometidos, en cuanto a nuestra libertad, honra y patrimonio, a las decisiones de magistrados sin escrúpulos que no nos juzgarán con arreglo a la ley sino a sus propios intereses, sean éstos políticos (sirviendo a los autores del zafarrancho saqueador y persiguiendo a quienes actúen en contra) o simplemente crematísticos, para seguir comprando mansiones, yates, caballos de carrera y autos de colección.

 

Todo eso seguirá sucediendo mientras no se retrotraiga la composición del Consejo a aquélla instituida en 1994 y que el kirchnerismo alterara para dar mayor participación a la política, a través de los senadores y diputados, en desmedro de los jueces y de los abogados, rompiendo el equilibrio que la Constitución procuraba. Pero para que ese cambio se produzca se requiere de una ley del Congreso, sancionada por mayorías especiales en ambas cámaras, algo imposible de obtener por la calaña de nuestros congresistas. Cambiemos se encuentra en minoría, situación que no se modificará con las elecciones de octubre, aunque el oficialismo obtuviera un resonante triunfo.

 

La convocatoria por parte del Poder Ejecutivo a una consulta popular, creada por el artículo 40 de la Constitución y utilizada por Raúl Alfonsín para terminar con los problemas limítrofes con Chile, no resulta aplicable en este caso, porque el Consejo de la Magistratura está expresamente excluido, como los impuestos, de los alcances de ese recurso democrático.

 

Una breve digresión: ése -la consulta popular- es el mecanismo que reiteradamente he propuesto al Gobierno para terminar con el tema de los militares-presos políticos. Sí, como creo, la sociedad está harta de la vocinglería y los histéricos aullidos de los pseudo organismos de derechos humanos, que sólo buscan la venganza y la destrucción final de las fuerzas armadas, Mauricio Macri obtendría el respaldo enormemente mayoritario que, según parece, le resulta necesario para enfrentarlos, a pesar de las abundantes pruebas de la comisión de innumerables delitos por parte de esas organizaciones, confesamente subversivas.

 

Regresando al tema de la Justicia, o de la falta de ella, creo que el tajo al nudo gordiano ante el que estamos detenidos lo debe dar toda la ciudadanía, como sucede en Brasil, gritando todos los días en las calles que estamos hartos, que no soportamos más seguir siendo esclavos -con impuestos que se han convertido en una verdadera confiscación- para que políticos ladrones y sus socios empresarios sean cada vez más ricos.

 

Pero en especial debemos ser nosotros, los abogados, quienes nos paremos de manos frente a los magistrados deshonestos. Cada vez que un expediente en los que intervengamos caiga en manos de un juez afectado por serias acusaciones de corrupción, debemos recusarlo invocando su falta de idoneidad moral para ejercer su cargo. Además, debemos tener el coraje de denunciar penalmente el frecuente pedido de coimas o favores. No sé cuántos de mis colegas estarán dispuestos a seguir esta sugerencia, porque es innegable que conlleva importantes riesgos personales atacar a una corporación tan fuerte y cerrada como la judicial.

 

Para concluir, respondo a quienes tanto lo han preguntado:       el Juez Martínez di Giorgi rechazó hoy la denuncia que yo formulara contra Hebe de Bonafini, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Centro de Estudios Legales y Sociales, H.I.J.O.S., La Cámpora, Kolina y otros por incitación a la violencia, intimidación pública, apología del crimen y atentado contra el orden constitucional por sus dichos en la Plaza de Mayo el 24 de marzo. Hizo suyo el dictamen del Fiscal, quien dijo que no existía delito porque “las expresiones sometidas a investigación se encuentran protegidas por el derecho a la libertad de expresión”.

¡Verdaderamente notable!, y así nos va.

Bs.As., 3 Jun 17

Enrique Guillermo Avogadro

Abogado
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El ASCO SUPERADOR,

por Enrique G. Avogadro

Enrique Guillermo Avogadro ega1@enriquegavogadro.com.ar 

Domingo 28 de Mayo, 2017
 

El Asco Superador

Hubo dos hechos a comienzos de la semana que, en cierto modo, pasaron desapercibidos para el gran público, pero revisten singular importancia por cuanto confirman que nada ha cambiado respecto a la visión que, sobre la tragedia de la guerra que sacudió al país en los 70’s, tienen los poderes públicos de la Argentina.

El primero, si no fuera trágico, alcanzaría las cumbres más altas del ridículo. Me refiero a la promulgación, por la Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, de la ley que obliga a publicar, en todos los documentos oficiales, la cifra de 30.000 desaparecidos; ese disparate normativo se concretó aún a sabiendas (ha sido reiteradamente confesado por los inventores del número mágico) de que se trató de un creación literaria destinada a la pretensión de calificar como “genocidio” lo sucedido y, especialmente, a conmover los bolsillos de las organizaciones europeas de derechos humanos, siempre tan generosas con el terrorismo.

La consagración de ese falso dogma interpela a la sociedad entera, puesto que se trata de la primera vez en que una clara falsificación, por obra y gracia de legisladores de todos los colores -sólo uno votó en contra- se transforma en verdad revelada; María Eugenia Vidal se transformó en cómplice del absurdo dislate y se arrogó el derecho de hablar ex-catedra. ¡Menuda competencia le apareció a S.S. Francisco en su propia tierra!

El segundo hecho que clama al cielo fue la sentencia de la Sala IV (Mariano Borinsky y Juan Carlos Gemignani) de la Cámara Federal de Casación, el tribunal penal más alto del país, que rechazó la concesión de la prisión domiciliaria a Jaime Smart, luego del desconocimiento de su anterior resolución, que la había otorgado, por la Cámara Federal de La Plata. Ésta, para insistir en su posición de rechazo, sostuvo que ese beneficio legal no era aplicable porque el detenido podía fugarse, amén de poner en peligro la investigación de los hechos.

“Jimmy” Smart tiene 81 años de edad y las imputaciones que le formularon se refieren a acontecimientos ocurridos hace cuarenta años. Es decir, un preso que siempre estuvo a disposición de la Justicia y cuya edad excede en mucho la establecida por la ley (70) para acceder al beneficio, ahora -según los asesinos togados- estaría presuntamente dispuesto a convertirse en rebelde, abandonar a su familia y escapar de la acción del Estado. Por lo demás, ¿cómo podría poner en riesgo las pruebas de la investigación, si se trata de hechos acontecidos hace cuatro décadas?

Que esa extraña presunción, o mera excusa para la venganza, se conozca en la misma semana en que la Diputada Lilita Carrió haya acusado a todo el arco político -incluidos sus aliados del Gobierno- de proteger a su colega Julio de Vido, el epítome de la corrupción kirchnerista, convierte lo sucedido en aún más llamativo e irritante. Resulta razonable que haya muchos empresarios preocupados por la posibilidad de la detención del zar de la obra pública de la década en que nos convertimos en silentes esclavos: como se ve en Brasil, el color político no es lo importante; en el mismo lodo, todos se revolcaron.

La sociedad entera reclama a gritos, todos los días, que los jueces actúen de una buena vez contra los saqueadores que, a fuerza de chupar la sangre del país durante doce años, han dejado a la Argentina exangüe. Estos delincuentes, encabezados por la jefa y organizadora de la asociación ilícita que se hizo con el poder en 2003, han alterado reiterada y probadamente las pruebas de los hechos investigados, y las imputaciones que los afectan se refieren a delitos no excarcelables; sin embargo, gozan no de detención domiciliaria sino de total libertad, hasta para trasladarse al extranjero, y alegremente se pasean por las calles, cuando no siguen ocupando altos cargos en alguno de los poderes del Estado.

Desde las bancas parlamentarias, ellos mismos impiden sistemáticamente la sanción de leyes indispensables para la lucha contra la corrupción como, por ejemplo, la de responsabilidad empresarial, la de extinción de dominio sobre los bienes mal habidos o las que, como ocurre en Brasil, permiten lo que allí se llama “delación premiada”; nótese que esta última ha llevado tras las rejas a decenas de senadores, diputados, ministros, gobernadores, funcionarios y grandes empresarios, y que se hayan devuelto miles de millones de reales a las arcas del Estado.

Hace años que sabemos cómo duermen los expedientes “sensibles” para el poder de turno en los tribunales. Entonces, lo que todos debemos preguntarnos es si estamos dispuestos a ser juzgados, con el gigantesco riesgo que ello implica para nuestra libertad y nuestro patrimonio, por magistrados tan ignorantes, tan cobardes o tan corruptos como para verse impedidos (o ser “convencidos”) de resolver con arreglo a la Constitución Nacional, los tratados internacionales, los códigos y las leyes, sólo para proteger, por acción u omisión, intereses bastardos.

Tengo muchos años de ejercicio profesional, a punto tal que el Colegio de Abogados me ha ¿elevado? a la categoría de “matriculado emérito”. Gracias a Dios, ya sólo llevo un único juicio, que será el último. Porque, cuando era joven y estaba en la facultad, aprendí que, para que la sociedad sea realmente libre, todos debemos ser esclavos de la ley. Lo que veo hoy, tanto en la calle como en los juzgados, me produce un asco tan profundo que, a veces, hasta me impide respirar.

Por eso, porque aquí funciona -protegida por leyes inicuas- la norma mafiosa de la omertá, que por tanto tiempo permitió a las numerosas organizaciones mafiosas italianas conservar sus negocios ilícitos y su poder, y porque los magistrados y fiscales federales, amén de gozar de fortunas inexplicables, también tienen muchos muertos en sus placares y están a tiro de “carpetazos”, la Argentina tiene un destino de decadencia e insignificancia en el concierto mundial.

Sólo conseguirá evadirlo si logra hacerse de una Justicia independiente, seria y rápida, y en ese monumental esfuerzo deberíamos comprometer nuestro accionar todos los ciudadanos, cualquiera sea nuestro signo político.

En los próximos días, y como un buena muestra de cómo se protegen los intereses de la sociedad, sabremos qué actitud adopta el Consejo de la Magistratura frente al Juez de la Cámara Criminal y Correccional Federal Eduardo Freiler a quien, como sucede con los mismos Kirchner y tantos cómplices, su enriquecimiento es tan escandaloso que impide que le cierren los números que él mismo declara sobre su patrimonio; si lo salva, como hiciera tantas veces con Oyarbide, el organismo se habrá cubierto de oprobio una vez más, y los ciudadanos de a pie sabremos que la Argentina ya no tiene futuro alguno.

 Bs.As., 27 May 17

Enrique Guillermo Avogadro

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Pasemos a la acción

Alfredo Nobre Leite marimba37@outlook.com
jue 20/04, 01:58 p.m.
Alfredo Nobre Leite (marimba37@outlook.com)
 

SOBRE LA MUERTE POR ABANDONO DE PERSONA DEL CORONEL D. HUGO DELME.

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POR FAVOR DIVULGAR,    ALFREDO NOBRE LEITE

Enviado: miércoles, 19 de abril de 2017 01:30 p.m.
Asunto: Pasemos a la acción
U-34 “Campo de Mayo
 COMUNICACIÓN DE LOS PRESOS POLÍTICOS
¿ Cuándo termina el curro de los DDHH Sr. Presidente ?
Ponemos en conocimiento que el día 13 de Abril a las 20 hs murió el coronel D. HUGO DELME en su Celda N 8 – Pabellón “C” del Instituto Penal Federal UP – 34 Campo de Mayo , sin recibir la atención médica adecuada.
Este es el Preso Político muerto número 400 desde el inicio de los juicios de “lesa humanidad” y el muerto numero 59 durante la gestión Macri.
El Cnl Delmé tenía más de 80 años y sufría de una severa afección cardiológica que lo llevó a la muerte y reiteradamente 4 veces le fue denegada la Prisión Domiciliaria la cual debe darse al cumplir los 70 años.
Murió en su celda con un Rosario en la mano.
No tuvo acceso al derecho espiritual de recibir la Extremaunción y morir en paz.
Objetivos a lograr 
TRASLADOS
Para que mejore en forma urgente la metodología que se emplea para trasladar a los Presos Políticos que deben recibir atención extramuros.
El tipo de enfermedades y la edad de los pacientes se transforman motivan que los eventuales traslados sean algo mortificante, teniendo que salir a las 02.30 horas de la madrugada, debiendo permanecer en la caja del camión hasta la llegada al lugar de atención y regresando en horas de la tarde.
ATENCION MEDICA
Se instrumente un claro sistema de atención médica y pedido de turnos, evitando dilaciones en la consecución de los tratamientos.
COMUNICACIONES
Hay un inadecuado funcionamiento de los teléfonos. Se efectuaron las quejas pertinentes desde el primer día en que se llegó al Penal, No se solucionó ni se cumplió con la promesa inicial de disponer de teléfonos.
CESE DE MEDIADAS ARBITRARIAS DE PARTE DEL DIRECTOR DEL PENAL DE LA UP 34.

Libertad a Nuestros Presos Politicos

Escribe Silvio Pedro Pizarro.

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Nunca es tarde, se está tomando conciencia de la ilegalidad de los juicios por delitos de lesa humanidad. Hoy leímos un editorial de La Nación que por fin sale a la palestra condenando el prevaricato de un juez abierto militante de la Cámpora y de Justicia Legítima y nos llega la información de Santa Fe de la realización de un acto frente al Juzgado Federal 1 de dicha ciudad, donde decenas de personas portando banderas y pancartas cortaron el tránsito en protesta y reclamo por los juicios de lesa humanidad, venganza del kirchnerismo que el nuevo gobierno mantiene desde hace un año.

Se está haciendo carne la necesidad de salir a la calle a poner el pecho a las balas, respondiendo al clamor de la sociedad para que el gobierno ponga fin a esta representación teatral puesta a escena por los Kirchner con su falsa apelación a los derechos humanos, bandera que usaron en su beneficio con el apoyo de organizaciones izquierdistas nacionales e internacionales y  que se viene avalando insólitamente desde diciembre 2015.

Por eso es que, a la inversa de la acción perversa desarrollada hasta ahora, exigimos justicia, no venganza para los Jueces, Fiscales y Abogados corruptos y prevaricadores de Justicia Legítima y la Cámpora que han sido partícipes necesarios de esta cacería humana. La lista se expone más abajo, aclarando que los resaltados en gris no están más.

Para los que comparten nuestros principios en esta gesta inclaudicable por la libertad de nuestros presos políticos, les volvemos a recomendar la difusión permanente en todas las redes sociales de estos antecedentes.

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Los Titulos amarillos tienen LINKS a documentos importantes en PDF

SASS  (Sociologic Anarchic Schizoprenic Syndrome)

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La grave enfermedad mental que padece Donald Trump, según psicólogos

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© Proporcionado por Impremedia LLC Profesionales de la salud mental advirtieron que Trump muestra signos de tener problemas psicológicos.

 

Degradar, ridiculizar y disminuir a sus rivales; promover una cultura de “hombre fuerte” haciendo referencia al miedo y a la ira; prometer que resolverá los problemas con solo confiar en él; no disculparse ni admitir errores; usar como “chivo expiatorio” y amenazar con segregar a inmigrantes y minorías religiosas.

¿Les suenan familiares estas características? Si su respuesta es sí, es lógico. Las anteriores son algunas de las que los psicólogos le atribuyen al presidente Donald Trump, y, según los expertos, son reflejo de psicosis.

Profesionales de la salud mental advirtieron que el mandatario republicano muestra “signos clásicos” de tener problemas psicológicos, particularmente, “narcisismo maligno”.

Con las medidas antipopulares y “discriminatorias” que ha firmado en su primera semana como presidente, varios psicólogos se han expresado para analizar el perfil del magnate.

El grupo llamado “Citizen Therapists Against Trumpism” (Terapistas Ciudadanos contra el “Trumpismo”) fue quien publicó el documento que enumera las supuestas características “psicóticas” del presidente.

De acuerdo con el grupo, la actitud “egocéntrica” del republicano ha creado “la ilusión de que los verdaderos estadounidenses solo pueden ser ganadores si otros pierden”.

Trump

Pero la organización, que agrupa a cientos de miembros, no es el único que se expresó sobre Trump.

El psicoterapita John D. Gartner dijo a US News que Trump está “peligrosamente enfermo de la mente y por su temperamento mental es incapaz de ser presidente”.

Gartner asegura que el republicano muestra todos los signos de “narcisismo maligno”, que clínicamente se define como una combinación de narcisismo, desorden de personalidad antisocial, y problemas de agresión y sadismo.

Mientras que un sicólogo que prefirió permanecer en el anonimato dijo al Daily News que el presidente ha perdido su capacidad de ver la realidad, por lo que nadie puede usar la lógica para convencerlo.

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Ideas para la Caldera del Diablo de cada día

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“Lo siniestro es la irrupción del horror en lo cotidiano”. Sigmund Freud

 

La sociedad parece haber dejado atrás la preocupación por los problemas de la economía para privilegiar la inseguridad, esa que todos los días cubre de sangre las páginas de los diarios y las pantallas de los televisores, ligada estrechamente al incremento geométrico del narcotráfico durante la larga noche kirchnerista. Como sucede en muchos otros campos de la información, llama más la atención lo que sucede en nuestro inmediato ámbito geográfico -el Conurbano, Rosario, etc.-, algo comprensible si la propia Gobernadora bonaerense ha debido mudar su domicilio a una base militar, que en el interior del país, donde también la inseguridad y la droga están presentes y producen graves daños en el tejido social.

 

Por eso resulta necesario establecer dos escenarios, diferenciados por el tamaño de la concentración humana. Porque una cosa es combatir esa plaga en las grandes ciudades y otra, muy diferente, es hacerlo en las pequeñas poblaciones en las que, como es sabido, todo el mundo se conoce y donde el delito adquiere otras formas adicionales, como el abigeato. Voy a comenzar por éstas y, para ello, me he puesto a pensar en algunas recetas que han sido probadas, con éxito, en otras latitudes.

 

La ciudadanía, unánimemente, vincula la inseguridad a la corrupción policial y su necesaria complicidad con el delito, y a la ineficiencia y el “garantismo” judicial, que privilegia el amparo al delincuente sobre su víctima. Entonces, ¿por qué no mirar alrededor e imitar fórmulas eficaces para solucionar gradualmente el problema?

 

Los gobernadores deben enviar a sus respectivas legislaturas sendos proyectos de ley para reformar todo el sistema judicial y policial en el interior de sus provincias y, una vez probado el éxito de las iniciativas, progresivamente acercarlas a las ciudades de mayores dimensiones. Básicamente, se trata de copiar el sistema que tantos beneficios han traído a los Estados Unidos con los “sheriffs”, es decir, poner a cargo de las comisarías de pueblos y ciudades pequeñas a civiles, domiciliados en el mismo sitio y elegidos por el voto popular cada cuatro años. Las ventajas que adoptar esta idea traerían aparejadas son obvias, porque el control sobre la eficiencia de la actividad y la licitud del patrimonio del funcionario serían controladas por sus propios vecinos.

 

Lo mismo habría que hacer con los fiscales y los jueces de pequeñas causas, también electos por iguales períodos entre sus mismos conciudadanos, ya que sumaría al beneficio de la transparencia, la rápida descongestión de los juzgados de mayor cuantía, que hoy se ven impedidos de ejercer eficazmente su actividad por la falta de medios adecuados, espacio físico y personal.

 

El otro aspecto, como dije, es la seguridad y la lucha contra el delito en las grandes concentraciones humanas de todo el país. Para entender mi propuesta, que seguramente encontrará resistencias principistas, es necesario reconocer que estamos, literalmente, en guerra; hemos sido llevados a ella por la lucha entre los diferentes carteles para hacerse de territorios de producción y consumo y rutas para importar y exportar drogas, sean de origen natural o sintético. Y es una guerra en la cual llevamos las de perder, porque esas organizaciones disponen de cantidades tan siderales de dinero que les resulta extremadamente fácil comprar voluntades en la política, en la Justicia y en la policía, amén de permitirles acceder al armamento y a los medios de transporte más sofisticados, obviamente muy superiores a los que disponen quienes se le oponen.

 

El Gobierno se encuentra ante una disyuntiva, la misma que acosó a sus homólogos de otras latitudes: dónde utilizar a las fuerzas de seguridad federales, ¿cumpliendo sus funciones específicas en las fronteras o masivamente enfrentando al delito en el territorio? Creo que la opción ha dejado de existir, ya que la corrupción e ineficacia de las policías locales se ha vuelto innegable y la sociedad así lo percibe; para evitar el riesgo de contaminación, resultará necesario rotar al personal, impidiendo su contacto permanente con los narcotraficantes locales.

 

Claro que eso significa desguarnecer los lugares por donde la droga y el terrorismo -no lo olvidemos, ya que sigue plenamente vigente- ingresan al país. Como se ve hoy en numerosísimas países, es necesario desplegar en las fronteras terrestres, aéreas, fluviales y marítimas a las fuerzas armadas, con todo su potencial y con los equipos tecnológicos necesarios para encarar ese desparejo combate. Por supuesto, antes habría que dotarlas de las leyes indispensables, tanto para permitirles actuar con eficacia cuanto para garantizarles que no serán luego perseguidos por cumplir sus obligaciones, como sucedió con aquéllos a quienes la democracia convocó a defenderla y luego fueron encarcelados por hacerlo, juzgados y condenados por los mismos terroristas a quienes habían vencido militarmente.

 

Ya que construir prisiones de alta seguridad, adecuadas para alojar a narcotraficantes, violadores, corruptos y asesinos, resulta hoy una utopía presupuestaria, el Gobierno debe convocar a una licitación nacional e internacional para que empresas privadas se hagan cargo de hacerlo y de administrar la “hotelería”, reservando a las fuerzas penitenciarias -también rotándolas con frecuencia- exclusivamente la seguridad. Naturalmente, habría que ubicar estas cárceles en zonas alejadas y de difícil acceso -por ejemplo, la Patagonia central- e impedir, seriamente, la utilización de medios de comunicación por parte de los internos, para evitar que éstos continúen gerenciando desde ellas sus negocios ilícitos. Seré criticado porque impediría la cercanía entre los detenidos y sus familias, pero creo que no debemos privilegiar ese presunto derecho a la tranquilidad de la sociedad entera, perdida por el accionar de los delincuentes.

 

Insisto en que el Consejo de la Magistratura debe ponerse las botas, “desratizar” la Justicia (Fiscal Germán Moldes dixit) y controlar de cerca a los jueces, para evitar que continúen ejerciendo su ministerio quienes lo han utilizado para sostener cualquier proyecto político y garantizar la impunidad de los corruptos o quienes se encuentren sospechados de connivencia con el delito; una vez desplazada la penosa Procuradora General, Alejandra ¡Giles! Carbó, idéntico procedimiento deberá aplicarse a los fiscales.

 

Aplaudo el proyecto de reforma que envió el Ejecutivo al Congreso, que impedirá el funcionamiento de la puerta giratoria que tanto ha beneficiado a los delincuentes, en especial durante la era Zaffaroni. Pero coincido con las críticas que se le formulan, ya que su aplicación no podrá ser inmediata, precisamente por aquellas dificultades que señalara la Dra. Servini y muchos de los fiscales.

 

Para terminar, todos, todos debemos exigir a nuestros representantes que se sienten a la mesa de discusión de una buena vez, y establezcan políticas de estado respecto al tema de la inseguridad porque, como hemos visto en Colombia y México, si no lo hacemos la guerra será prolongada y, sobre todo, enormemente costosa en vidas humanas.

 

Bs.As., 8 Oct 2016

Enrique Guillermo Avogadro / Abogado
Tel. (+5411) ò (011) 4807 4401/02

Olympio Insaurralde y su Testimonio que Cambia Todo

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MANFRED SCHÖNFELD y La Prensa

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MANFRED SCHONFELD

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Periodistas

13/07/2010

MANFRED SCHÖNFELD

“No es que sea valiente, hay un diario que publica mis artículos”

Julio 2010. Las nuevas generaciones de periodistas no saben quién fue. Sus contemporáneos casi lo olvidan. Manfred Schönfeld, el periodista de La Prensa fue un columnista muy leído a fines de los 70 y principios de los 80. De origen liberal, apoyó el golpe de 1976, pero luego denunció desapariciones. En 1981 reveló que había jueces trabajando a la par de los torturadores y se ligó una golpiza. Diario sobre Diarios (DsD) rescata aquí su particular trayectoria. Un pasaje de la historia de nuestro periodismo. Además, el periodista de La Prensa, Sergio Crivelli, aporta su recuerdo.

Manfred Schönfeld

Julio 2010. Manfred Schönfeld (1) fue un periodista que forjó prácticamente toda su carrera en el diario La Prensa de la ciudad de Buenos Aires. Había nacido en 1932 en Berlín, ciudad que sus padres, que eran de origen judío, debieron abandonar huyendo del nazismo.

Fue así como desde los cinco años Schönfeld vivió en la Argentina, en donde ejerció su profesión y –en paralelo- se doctoró en Filosofía y Letras. En 1954 entró en la redacción del diario Argentinisches Tageblatt de la colectividad alemana de nuestro país. Dos años después ingresó en La Prensa, donde trabajó hasta su muerte, el 18 de febrero de 1989. En el diario se desempeñó en varias secciones, incluso como corresponsal en Inglaterra y Alemania.

Quienes lo conocieron lo describen como un hombre inteligente y curioso, frontal y culto, más “un erudito” que un periodista de raza. Fue un intelectual informado más que un “buscador de noticias”; un profesional que citaba en latín y dominaba a la perfección el alemán y el inglés.

“Ya de joven tenía el aspecto de un señor grande”, recuerda Gerardo López Alonso, quien trabajó con él durante algunos años en La Prensa y luego, con el paso del tiempo, siguió frecuentándolo de manera informal. Actualmente López Alonso es vicedecano de la Universidad Austral. “La Prensa y Schönfeld eran algo muy difícil de separar –agrega- si hasta él mismo, cuando hablaba, se expresaba como si fuera un editorial del diario. Ahí Schönfeld estaba en su salsa: era redactor estrella y eterno candidato a jefe de redacción”.

Su ajustada identificación con la impronta conservadora de La Prensa no fue un detalle menor. Por ejemplo: cuando durante el gobierno de Frondizi se discutió la ley de enseñanza libre (que permitía el establecimiento de universidades privadas que en su mayoría serían católicas) el periodista se mostró abiertamente a favor de la postura del gobierno y de los sectores católicos. Él mismo se definía a sí mismo como un “liberal nacionalista”. Nada más lejano al peronismo.

“Las polémicas de escritorio a escritorio en la redacción eran intensas y Schönfeld jamás dudaba en mostrarse como una persona partidaria del orden y la autoridad, incluso en contra de lo que opinaban muchos de sus colegas. No obstante, su inteligencia y su particular sentido del humor volvían estos debates bien interesantes”, rememoró también López Alonso.

Coherente con su “nacionalismo”, Schönfeld apoyó sin titubeos la guerra de Malvinas, dijo que si por su contextura física no lo dejaban integrar las tropas, “voy aunque sea a pelarles papas a los soldados” y reclamó desde sus columnas el apoyo de la sociedad a la “gesta nacional”. Muchos de sus textos y su ideario malvinero quedó plasmado en el libro “Malvinas, la guerra austral”.

Un periodista de viejo cuño

Por Sergio Crivelli *

Cuando se escriba la historia de los derechos humanos en los años 70 –la historia, no la “memoria” de un sector-Manfred Schönfeld y La Prensa tendrán un capítulo que aún no ha sido escrito. Ambos denunciaron la represión ilegal cuando nadie lo hacía, cuando los militares estaban en el poder y los medios que hoy hablan de “dictadura” hablaban respetuosamente de “Proceso de Reorganización Nacional”.

El que escribe estas líneas ingresó en La Prensa en 1978 por pedido de Schönfeld, de quien pasó a ser colaborador. Allí vio por primera vez a las Madres de Plaza de Mayo que iban a visitarlo. Cuando preguntó quiénes eran esas mujeres con pañuelo blanco en la cabeza, Schönfeld se limitó a responder: “No se imagina las cosas que cuentan. Tratan de encontrar a sus hijos. Es terrible”.

Poco más tarde escribió un artículo de una página entera que llevaba por título “Cuando de noche pienso en la Argentina”, donde denunciaba y repudiaba la represión ilegal. Por la misma época “La Prensa” publicó la primera lista de “desaparecidos” por decisión del entonces director Máximo Gainza. La reacción de los militares no tardó. Hubo hostigamiento y amenazas. Le cortaron la publicidad oficial al diario y finalmente le pegaron a Schönfeld el famoso manoplazo que le borró los dientes delanteros.

¿Por qué Schönfeld, que era un liberal conservador, cuestionó y acusó públicamente al “proceso” por la violación de los derechos humanos mientras gran parte del “progresismo” callaba? Hasta 1978 había vivido y trabajado en Europa y a su regreso comprobó con amargura que las denuncias de la izquierda internacional eran ciertas. Lo comprobó en el terreno con testimonios directos. Su reacción fue condenar la barbarie, porque creía que el estado de derecho era un fundamento no negociable de la vida civilizada. Cualquier otra cuestión era posterior. Lo que hizo, en realidad, fue ser coherente con sus principios, porque era un periodista de viejo cuño uno de aquellos para los cuales era imposible renunciar a la honestidad y a la verdad.

Tal vez para encuadrarlo ideológicamente habría que recurrir a una frase de otro periodista de excelencia: Indro Montanelli. El italiano se definía como un “burgués anarquista”, porque estaba a favor de la ley y el orden, pero le tenía alergia al poder. Schönfeld se veía a sí mismo como alguien llamado a observar y criticar al poder y no a entrar en componendas con él. Tampoco hubiese entendido el periodismo como un negocio más para enriquecerse a cambio de venderse al gobierno de turno. Estaba acuñado en un material que hoy, lamentablemente, escasea.

* Periodista de La Prensa.

Su apoyo al régimen

Se entiende entonces que tras los agitados años 70, Schönfeld compartió, en principio, los postulados del “Proceso de Reorganización Nacional” que se instauró en 1976. Sin ir más lejos: en su columna del 24 de junio de 1978, en vísperas de la final del Mundial de Fútbol, justificó el golpe militar y elogió a Jorge Rafael Videla de esta manera:

“(…) Nuestro gobierno llegó al poder en medio de un estado de desastre natural…Fue y sigue siendo un régimen imperante en una situación de emergencia, bien que ésta última sea cada vez y, muy paulatinamente, menos candente. No buscó ningún espaldarazo en la realización del torneo mundial de fútbol… no tuvo la más mínima necesidad de ‘regimentar’ a las masas para ‘lanzarlas a la calle’…No hubo, pues, intención ni mucho menos certeza de obtener un provecho político.

“Estos socialdemócratas desean naturalmente volver al poder que está poco menos que al alcance de su mano. Un excelente ‘caballito de batalla’ que, por lo demás, no les crea ningún tipo de compromiso político es el asunto de los derechos humanos en la lejana Argentina, vivificado por la realización del campeonato mundial de fútbol.

“¡A extraerle, pues, todo el jugo político posible a este tema! ¡A bombardear al gobierno de La Haya y a hacerle la vida imposible, hasta el punto de que un embajador no pueda decir ya nada bueno del país ante el cual se encuentra acreditado!..¿Quiénes politizan, entonces, los deportes, el fútbol y la Copa Mundial? ¿Ellos o nosotros?

“(…) Por lo demás, debe tranquilizarnos la noción de que la poco común serenidad, el sobrio decoro y la falta de toda presunción, virtudes todas ellas que la ciudadanía empieza a estimar en creciente medida en el presidente de la Nación, lo colocan en una natural posición de encarar con altura cualquier posibilidad de que se intente lastimar, en forma zafia, el sentimiento nacional del país y de su pueblo”.

Unos días más tarde, el 23 del mismo mes, el periodista amplificaría la versión de la “campaña anti argentina” en el exterior:

“Se sigue hostilizando a nuestro país… Se trata de la continuación de una campaña de hostilidad que es impulsada en varias partes del mundo, por grupos de argentinos opuestos al actual gobierno del país, ora exiliados, ora exiliados sedicentes, en ciertos casos elementos de izquierda más o menos extrema, en otros, activistas de ideología indefinida, adictos al peronismo, ex usufructuarios de él, así como miembros de organizaciones terroristas que han logrado crearse la aureola de ser luchadores libertarios. La acción de tales grupos de composición y motivación heterogéneas, se hizo sentir, por ejemplo, también en un país como Venezuela, durante la visita que está efectuando allí el almirante Massera”.

El 6 de septiembre Schönfeld firmó un artículo titulado “Dando la cara por la Argentina. La actuación de Videla en Roma está refutando varios pronósticos temerosos”. La nota, que comentaba un viaje de Videla a Roma para asistir a la entronización del Papa Juan Pablo I, elogiaba al militar diciendo que contra los pronósticos pesimistas de que se desatara “una nueva campaña destinada a empañar la imagen de la Argentina en el extranjero”, sobre todo “en un centro informativo europeo de considerable importancia”, Videla había “dado la cara”:

“Videla no esperó ser agredido para `dar la cara´, sino que fiel a una de las normas que rigen la profesión en que se formó a saber la de que `la mejor defensa es el ataque´, hizo un uso cabal de su viaje a Roma (…)

“Así, estuvo perfectamente adecuado a las modalidades que en materia de relaciones con el periodismo, son usuales en Europa occidental, el hecho de que el presidente hablase sin tapujos de ninguna especie, de la guerra que se libró en nuestro país, de esa `guerra sucia´ en la que se registraron, como en toda guerra, muertes y desapariciones.

“Llamar a la verdad por su nombre es lo mejor que, en tales circunstancias, pudo haberse hecho. Lo propio se refiere a la energía con que el general Videla defendió la imagen argentina, desligada del problema del terrorismo, sino una compleja realidad, capaz de desenvolverse como la de cualquier otro país.

“(…) No hay que creer que, por ello, que el eco que el presidente argentino está recibiendo o recibirá en Italia será necesariamente positivo. Lo importante es que reciban eco y que no lo cosechen únicamente aquellos que nuestros conciudadanos que, en el exilio, están actuando acuciosa e intensamente en la campaña destinada al desprestigio argentino”.

El giro menos pensado

Pero más adelante algo empezó a cambiar en las columnas de Schönfeld. Por ejemplo: el 12 de diciembre de 1978 pudo leerse en La Prensa una columna en la que el periodista escribía sobre la necesidad de esclarecer los casos de desaparecidos (aunque aclaraban que muchos “no merecen que se llore por ellos”):

“(…) Añadamos que `desaparecer´ significa, habitual aunque no necesariamente, haber sido detenido por personas armadas que ora estaban vestidas de civil ora de uniforme y que se identifican –o no– como pertenecientes a tal o cual rama de las Fuerzas Armadas, de seguridad o del orden. El silencio es el caldo de cultivo ideal para toda clase de versiones. La falta de información –o la información manipulada– da lugar a falsedades de toda clase… Lo que importa, empero, es que sigue sabiéndose muy poco, y en ciertos casos nada, acerca de mucha gente, casi siempre joven, que desapareció, ya sea de sus hogares, como de sus lugares de trabajo o de estudios. “El Estado de derecho puede comprender, según las circunstancias y siempre de acuerdo con la letra y el espíritu de la ley, la aplicación de las penas más severas, sin excluir la capital. Pero aun entonces encierra un respeto fundamental para con la dignidad humana… No es lo mismo, finalmente, morir con un consuelo espiritual y religioso –al cual tiene derecho hasta el más infame de los criminales, por su mera condición humana– que ser `liquidado´ entre gallos y medianoche. No sabemos si esto último ha sucedido, pero tenemos derecho a saber qué sucedió y qué sucede. No se trata de ningún lacrimoso sentimentalismo, porque estamos convencidos de que hay muchos de los desaparecidos que no merecen que se llore por ellos, porque tampoco ellos fueron capaces de apiadarse… Son preferibles cien fusilamientos a una `desaparición´, siempre y cuando los ajusticiados hayan incurrido en delitos punibles con la pena de muerte. Lo que no puede seguir aceptándose es el silencio. Es necesario asumir con coraje lo hecho en el pasado y enfocar con severa serenidad el presente”.

A partir de entonces Schönfeld comenzó, poco a poco, a convertirse en uno de los periodistas que más exasperaban al gobierno militar. Levantando siempre las banderas de la moralidad, la austeridad y el decoro escribía cosas tan irritantes para el régimen como que las películas que se prohibían en los cines (por ejemplo “Calígula”) se proyectaban sin embargo en los casinos militares. Schönfeld se preguntaba “si eso es por tener mentes preparadas para no ser influenciadas por lo que prohibían a la gente común”.

La Prensa, en tanto, se iba enredando en una posición que cada vez resultaba interesante. Por una lado, el diario fue el primero que en 1978 publicó una solicitada de los familiares de desaparecidos (una página completa en la que se clamaba por noticias sobre el paradero de todos aquellos que el Estado, aparentemente, se había engullido). Por otro lado, seguía brindando apoyo al régimen, manteniendo las columnas de Schönfeld junto a textos en los que Ramón Camps clamaba por “el exterminio y la guerra santa contra el enemigo de la patria, de la cristiandad y de la cultura occidental”.

En junio de 1981 Schönfeld firmó una seguidilla de notas particularmente críticas para con el régimen. El lunes 8 tituló su columna “El proceso debe regenerarse desde adentro o, de lo contrario, arrastrará en su derrumbe al país entero”. Allí hablaba sin miramientos de una crisis que incluso podría llegar a ser institucional “ya que terminan por ser cuestionadas las fuentes mismas del poder en que se funda el régimen ‘de facto’ y la legitimidad moral de su existencia”. La nota criticó duramente la falta de austeridad de la cúpula gobernante y se permitía también otras diatribas. Por ejemplo, “por poner al frente del Colón a un brigadier, como si faltaran funcionarios de carrera idóneos y probos para ocupar semejante posición administrativa en un ámbito que de aeronáutico quizás sólo tenga a su etéreo ballet”.

La agresión y el recuerdo de Ámbito

Claro que las represalias no tardarían en llegar. Si bien la dictadura permitía cierta crítica a algunos medios de comunicación que desde 1976 se disciplinaron y fueron uno de los sostenes de su legitimación en términos de opinión pública, todo estaba muy acotado a lo que se conocía como “los límites del disenso”. El 16 de ese mismo mes se suprimió toda publicidad oficial en La Prensa, y el 22 de junio a las nueve y media de la noche, frente a su casa, Manfred Schönfeld fue increpado al bajar de un taxi por una patota de agresores anónimos que con una manopla le propinó en la cara un golpe tal que le provocó una importante hemorragia en el labio y la pérdida de cinco piezas dentales.

“Antes incluso de hacerse atender el periodista ensangrentado corrió a la redacción y escribió un encendido testimonio con la violencia”, cuenta Carlos Ulanovsky en Paren las rotativas. La foto tipo carnet del rostro ensangrentado de Schönfeld en la primera plana (blanco y negro) de La Prensa aún es recordado por varios de sus contemporáneos.

Por esos días Schönfeld publicó una serie de notas tituladas “Antes de que el país toque fondo”. Luego de la agresión se tomó un breve descanso, aunque antes se permitió firmar una nota que escribió desde su casa. “No nos doblegarán –decía en ese artículo- Insistiremos con la verdad”.

El 22 de febrero de 1982, en una extensa nota, Schönfeld escribió en medio de una columna: ‘¿Qué hay de los jueces de instrucción, de algunos de los cuales no debe asombrar que haya llegado a correrse la voz de que cumplen su cometido sentados al lado de los torturadores?”.

¿Cuándo se alzará la cortina que anula el imperio del estado de derecho en el país?”, se titulaba el artículo en el que el periodista, no obstante, justificaba esa situación “en tiempos bravíos de la lucha contra el terrorismo, la subversión y la guerrilla”:

“En la Argentina de hoy no existe el estado de derecho. Y no existe porque el Poder Judicial –aquél que debe velar por su existencia- se ha convertido, más y más, en un espantajo, en una caricatura de sí mismo. (Nota del Editor del Blog en 2016: Mas evidencias de hoy usar al articulo 29 de La Constitución Nacional para recuperar a La Republica.

“El Poder Judicial no sólo ha dejado de ser independiente, sino que ha renunciado a su independencia, prestándose como figurante en el juego, cuyo protagonista es el Poder Ejecutivo, sin que al respecto importe que ese Poder Ejecutivo haya surgido de las urnas (como sucedió en épocas de la dictadura peronista).

“Esta situación podría haber tenido una explicación, humana ya que no legalmente aceptable, en los tiempos iniciales del `proceso´, en los tiempos bravíos de la lucha contra el terrorismo, la subversión y la guerrilla; pero lo grave es que sigue subsistiendo, año tras año, casi como por inercia y sin que aparentemente nadie se mosquee”.

Unos párrafos más adelante se refirió a la cuestión de la tortura por la que más tarde sería llevado a tribunales:

“De acuerdo con el nivel que fijan los estratos más altos, se comportan los inferiores, salvo alguna honrosa y heroica excepción (…)

“Si el presidente de la Corte acepta, sin protestar, que se nombre a un nuevo miembro de ese tribunal sin que se hubiese tenido la cortesía de consultarlo, ¿qué puede esperarse de los camaristas o de los jueces de primera instancia? ¿Qué de los de instrucción, de algunos de los cuales no debe asombrar que no haya llegado a correrse la voz de que cumplen su cometido tranquilamente sentados al lado de los torturadores, mientras estos efectúan su `tarea´ con el imputado o acusado?”.

Bajo el décimo subtítulo, “Los desaparecidos”, alentó a la dictadura cambiar de actitud y reconocer la represión, aunque seguía diluyendo la responsabilidad de los militares para repartirla entre los civiles:

“En cuanto a la tragedia de los ‘desaparecidos’, no crea el gobierno que con ignorarla y seguir la actitud asumida durante la etapa de Videla y Viola, el problema desaparecerá. Por el contrario, se enquistará y será –como se lo dijimos a uno de los presidentes del ‘proceso’– una ‘siembra de dientes de dragón’ que el país entero tendrá que cosechar cuando el quiste surja y estalle a flor de piel. Que es, precisamente la razón por la cual el periodismo independiente no puede ni debe dejar descansar el tema. Si nadie habla lealmente de él, lo explotarán deslealmente y con espurios fines políticos y demagógicos los mismos partidos y los mismos dirigentes que ayer no más –cuando todos andaban en pleno idilio con el gobierno de turno, el de Viola– no decían sobre los ‘desaparecidos’ esta boca es mía.

“Todo lo cual se entiende, no sería ni posible ni necesario, si se alzara la cortina que está trabando el imperio del estado de derecho en el país. Pero nadie parece estar dispuesto a alzarla. Para hacerlo, para mostrar si quiera la buena voluntad de hacerlo, dos meses –incluso dos meses del período veraniego– habrían sido más que suficientes. “Se trataría pues de la primera desilusión que depara a un esperanzado país el gobierno de Galtieri. Así las cosas, tememos que no será la última”.

“Un periodista que denunciaba pero cuando era arriesgado”, tituló el 4 de agosto de 2006 el diario Ámbito Financiero y Buenos Aires Herald, en un artículo con el cual su entonces propietario, Julio Ramos, recordó a Schönfeld. Actualmente, no se encuentra disponible en el archivo web del diario.

“Debe pensarse que hoy, 2006, es fácil y sin riesgo denunciar torturas y torturadores”, decía la nota. “Por eso hasta se exagera. Pero en aquella denuncia que un juez presenciara torturas y hacerlo desde una prensa censurada era una hazaña. Pero el periodista de La Prensa no comía vidrios. Sabía moverse. Comenzó a pergeñar su nota el día que recibió a un abogado, Osvaldo Píccolo, que le contó las peripecias de un cliente suyo, Mutscheller, a mediados de 1981, plena dictadura. Este hombre estaba detenido en el Departamento Central de Policía a disposición de una jueza Damianovich. Fue torturado. Además supo que no era el único en una época donde torturas por política o delitos comunes era corriente. Logró oír a un hombre Cuttica que estaba procesado en la misma causa quien le contó. Cuttica no sobrevivió a los interrogatorios. Píccolo, dolorido, recurrió a la pluma respetada de Schönfeld, de reputación seria por sus investigaciones. Incluyó aquel impactante párrafo mientras recogía datos que le dio un juez federal que había sido separado del cargo y una fuente que nunca quiso develar, que le aportó informes no muy precisos sobre la actuación de ‘una jueza’ en una causa ‘Garay, Julio César y otros’”.

“Las corporaciones de magistrados lo acusaron de mentir –cuenta también Ámbito- simpatizantes del régimen hacían declaraciones contra el periodista que reproducía la prensa pro militar. Funcionarios de la dictadura se sumaban a denostarlo”. Por esa nota Schönfeld tuvo que acudir repetidas veces a Tribunales y exponerse a más descalificaciones de organizaciones como el Foro de los Estudios sobre la Administración de Justicia, que señaló que las denuncias del periodista se basaban en un análisis “parcial y restringido”. Finalmente, el 1 de julio de 1983, la jueza Laura Damianovich de Cerredo fue destituida por “mal desempeño de sus funciones a inhabilitación para ocupar otro cargo oficial”. “Ella había presenciado los golpes a un detenido –concluye Ámbito- tal como escribió el periodista”.

Explorando las razones del cambio

¿Cómo es posible que alguien que desde lo ideológico apoyó el golpe fuera quien, paradójicamente, terminó transformándose en uno de los periodistas que más criticas hiciera contra el “Proceso”?

Se podría pensar que entre las razones del cambio figura la competencia (nunca declarada) con otro periodista que por aquellos años entró al diario y empezó a firmar, -y como si fuera poco, en la tapa- una serie de columnas más que explosivas: Jesús Iglesias Rouco. “Fue entonces cuando Schönfeld, que recién volvía de Alemania, empieza a separarse un poco de la voz oficial del diario y a escribir análisis políticos cada vez más audaces. Aún así la rivalidad entre ambos periodistas le trajo al diario una bocanada de aire fresco”, dice López Alonso.

“Jesús Iglesias Rouco y Manfred Schönfeld pudieron sobre Máximo Gainza y convirtieron el periódico en una trinchera en la que sólo importaban sus columnas diarias. Muchos compraban el diario por esas columnas. El mismo ejemplar de La Prensa podía defender al general Ramón Camps y publicar una lista de desaparecidos a la que nadie se animaba”, escribe Gonzalo Peltzer en su blog Paper Papers. En tanto Gaucho Malo, el sitio de Santiago González, señala que “Gainza, con la aguda ironía que no perdió nunca, describía a sus dos principales articulistas diciendo que Schönfeld era un primer violín, e Iglesias Rouco un rockero”.

Iglesias Rouco, oriundo de Galicia, España, editaría -ya en democracia-, El Informador Público, periódico muy leído durante el gobierno de Raúl Alfonsín que incluía buena información del mundillo político y operaciones de prensa en dosis similares.

Las malas lenguas dicen que Schönfeld, en el fondo, estaba íntimamente satisfecho tras haber recibido la agresión que por fin le regaló su merecido minuto de fama. Y las buenas lenguas tampoco niegan lo anterior, pero a la vez reconocen que a la hora de denunciar, el periodista fue capaz de demostrar una buena cuota de coraje.

Schönfeld, que trabajó en el diario hasta el día de su temprana muerte a los 57 años (“era obeso y no se cuidaba”, comentan sus viejos conocidos), reconoció en cierta oportunidad esa ventaja.

“No es que yo sea valiente -advirtió-. Es que hay un diario que publica mis artículos”.

(1) Su nombre completo era Manfred Ulfilas Schönfeld. Ulfilas es un antiguo nombre alemán. Schönfeld significa “campo lindo”. Su esposa fue la escritora Laura del Castillo. Lo apoyó incondicionalmente en toda su carrera hasta su muerte. Sin duda alguna, un sólido sostén para Schönfeld, según quienes lo conocieron. Murió en Paraná, Entre Ríos, en 1989.

Fuentes:

Entrevista con Gerardo López Alonso

Diarios La Prensa de la época, hemeroteca del Congreso de la Nación.

Tesis del periodista Martín Malharro Los grandes medios gráficos y los Derechos Humanos en la Argentina – 1976 – 1983.

Más sobre Schönfeld

Nota publicada en La Prensa bajo el título La necesidad de esclarecer los casos de los desaparecidos (en el libro Decíamos ayer, de Eduardo Blaustein y Martín Zubieta).

En La Nación en 2009, el periodista Luis Gregorich evoca a dos colegas, “uno glorificado con justicia, otro injustamente silenciado”, en referencia a Rodolfo Walsh y Manfred Schönfeld.

 

fin

 

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Para: Gaston SaintMartin (Editor de este Blog)

Bicentenaria Actualidad Argentina

 

No somos eternos. No nos queda otra que ser intensos. Sólo aquellos que se atreven a ir Enrique G. Avogrado lejos pueden descubrir qué tan lejos pueden llegar”. T. S. Elliot

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Espero que usted haya podido vivir un feliz Día de la Patria. Desde ya, no ha sido así en las cárceles donde se pudren, en una triste y doliente vida, casi dos mil soldados y civiles que se convirtieron en los grandes telones detrás de los cuales el kirchnerismo logró esconder, durante doce años y medio, la más abyecta corrupción que ha visto nuestra historia, incluyendo el monumental negociado realizado con  los derechos humanos y con las indemnizaciones a los terroristas; tampoco lo fue, pese a la cristiana resignación que las arropa, para las familias de los casi cuatrocientos que ya han muerto en cautiverio. Este es un tema en el cual -pese a que depende de los jueces, verdaderos asesinos togados- el Gobierno está en deuda y debiera encarar con urgencia.

 

Pero, en una innoble comparación, seguramente hay muchos otros hogares donde el cumpleaños de la Argentina no habrá sido festejado con alegría; en las mansiones de Cristina Elizabet Fernández, Julio de Vido, Anímal Fernández, José López, Ricardo Jaime, Lázaro Báez, Cristóbal López y muchísimos otros, dudo que se haya servido el tradicional chocolate mañanero. Me pregunto cómo habrán celebrado en la casa del Gral, Milani, desaparecido de los títulares, tan absurda e inexplicablemente enriquecido durante la década relatada, y tan inmune a los padecimientos de sus camaradas.

 

La semana que pasó estuvo signada, a mi modo de ver, por dos hechos políticos de magnitud: el regreso de la emperatriz de Calafate y las explosivas denuncias de Lilita Carrió contra el Jefe de Policía de la Provincia de Buenos Aires, Comisario Pablo Bressi, a quien imputa otorgar protección al narcotráfico y ser uno de los responsables de su crecimiento exponencial.

 

Cuando vi la salida de Cristina de Comodoro Py, donde había concurrido para la escasamente épica tarea de notificarse del embargo que le trabara el Juez Bonadío, percibí claramente a qué ha quedado reducido el ¿Frente para la Qué?, cuya fortaleza permitió disciplinar a propios y a extraños hasta hace no más de siete meses. No solo pudieron contarse con los dedos de una mano los “dirigentes” que la acompañaron, sino que la presencia de la “militancia”, carente ahora de los recursos del Estado destinados a movilizarla durante el apogeo de su régimen, se vio muy desflecada y sus líderes no consiguieron reunir más de dos mil personas; lo mismo se notó en la puerta de su departamento de Uruguay y Juncal, cuando un dron desnudó lo flaco de la convocatoria. Ante la constatación de la pérdida de popularidad, causada sin dudas por el revoleo de valijas de José López y los fajos de dinero contados en La Rosadita, la ex Presidente optó prudentemente por volverse a Santa Cruz, donde esperará en soledad los próximos embates judiciales.

 

Lamentablemente, la medida cautelar no alcanzará a la fortuna que la familia Kirchner tiene depositada en otras latitudes. Hay rumores que hablan de cuentas en Chile (Banco Edwards), las Seychelles, las islas del Canal de la Mancha, Liechtestein,  Luxemburgo y hasta en el IOR vaticano, de diamantes en cantidades dignas de monarcas árabes y, por supuesto, a paquetes siderales de dinero en efectivo, enterrado en bóvedas y sepulcros patagónicos.

 

No estaría de más recordarle a Cristina que, el año próximo, le resultará aún más difícil desplazarse por el mundo o mover su dinero por el acuerdo al que han llegado muchísimos países para perseguir el terrorismo, el narcotráfico y la corrupción, temas a los cuales estará especialmente vinculada si, además de sus problemas actuales, la causa por la denuncia del asesinado Fiscal Nisman se reabre. O que, si sigue manteniendo los billetes deteriorándose en lugares húmedos, sólo se beneficiarán la Reserva Federal y el Banco Central europeo.

 

Lilita continúa ejerciendo el papel de censor, fundamental para la sociedad. La comprobación de la veracidad de muchas de sus denuncias la ha hecho recuperar un prestigio que, en los años de bonanza que el kirchnerismo dibujó, el país hipócrita le había negado. Además de destacar el enorme coraje personal que la Diputada ha exhibido todos estos años, hay en ella otra virtud: cuando no castiga a un área del gobierno de turno, ésta adquiere, de algún modo, un certificado de honestidad y transparencia.

 

Ignoro qué pruebas tiene hoy Carrió para sostener una pelea tan desigual contra el jefe de la tropa más numerosa y más violenta del país, pero estoy seguro de que sólo pretende ayudar a la Gobernadora en su misión de corregir el rumbo que, de no alterarse inmediatamente, nos convertirá en un país como México, o como fue Colombia, en los cuales la lucha por los mercados y por las rutas de la droga han costado decenas de miles de víctimas. El kirchnerismo, socio de los grandes carteles, facilitó la creación de un enorme mercado interno, al cual debe agregarse el tránsito hacia otros destinos (hoy somos uno de los mayores exportadores de cocaína) y, con ello, permitió la generación de gigantescas riquezas en efectivo, que sirven para comprar las voluntades de funcionarios políticos, judiciales y policiales, siempre mal pagos.

 

Cuando el Proceso incorporó a la Policía bonaerense al accionar contra la guerrilla, y le permitió actuar a su antojo, debió tolerar una enorme cantidad de abusos y delitos, que la fuerza transformó en un modus operandi permanente; y cuando las estrecheces presupuestarias sólo permitían pagar los sueldos de los uniformados, éstos buscaron otras formas de financiación, siempre delictuales. Desde la tradicional protección al juego clandestino y a la prostitución, que viene desde los inicios del siglo pasado, la voracidad hizo que encontrara nuevos campos de acción en esa colaboración con el narcotráfico y, contemporáneamente, en la industria de los secuestros extorsivos.

 

La ciclópea lucha contra las mafias enquistadas en la Policía de la Provincia de Buenos Aires no ha hecho más que comenzar, y María Eugenia Vidal ya ha sufrido aprietes y amenazas de todo tipo. No sólo hubo avisos, como la intrusiones a su despacho o a la casa de un ministro sino graves episodios, como el que se produjo en Ituzaingó, donde quedó demostrado el desgano en la actuación policial. En el bando confesadamente desestabilizador forman delincuentes como D’Elía y Esteche, Mariotto y Boudou, Ferraresi y Mussi, y organizaciones como Barrios de Pie, dispuesta a generar disturbios y saqueos. El Gobierno nacional debe brindar todo su apoyo, en inteligencia y en fuerzas de seguridad incontaminadas, para proteger a una de sus mejores figuras.

 

Pese a todo, levanto mi copa por la Argentina, mi país, deseando que cuando mis bis y tataranietos festejen su tercer centenario, haya alcanzado el rol protagónico que nuestros próceres le imaginaron.

 

Bs.As., 10 Jul 16

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado
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