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Geopolítica de un mundo desordenado

FELIPE DE LA BALSE  L&P

Felipe A. M. de la Balze – Consejo Académico, Libertad & Progreso

Enero 5, 2015  – CLARÍN.-

 

El fin de un año y el inicio de otro son un momento oportuno para reflexionar sobre el presente y el futuro de la economía y la política mundial. En el campo de la economía internacional todavía estamos viviendo las consecuencias de la grave crisis que se desató a fines de la década pasada. Los Estados Unidos lideran la recuperación mundial. GEOPOLITICA EN UN MUNDO DESORDENADOLa aceleración reciente de su crecimiento económico (3%), el descenso del desempleo al 5.8%, la mejora en las cuentas fiscales y la baja inflación, auguran un 2015 más virtuoso. Sin embargo, las tasas de interés norteamericanas se incrementarán el año que viene. Esto creará dificultades financieras para los países y las compañías más endeudadas, una mayor volatilidad cambiaria y como resultado, problemas de coordinación entre las políticas macroeconómicas de las principales potencias. Europa sigue estancada, pero salvó su moneda de una hecatombe y está recomponiendo lentamente su frágil sector bancario. Pero la crisis aún no está resuelta, sobre todo en los países del sur (España, Grecia, Italia y Portugal) donde el alto desempleo, el endeudamiento excesivo y la baja inversión dificultan el relanzamiento económico. Los partidos políticos europeos tradicionales están jaqueados por movimientos de protesta regionales (como en Cataluña) o por partidos más extremistas que critican el proyecto comunitario europeo, objetan la inmigración y proponen modificaciones profundas en la matriz social y económica que Europa construyó durante las últimas décadas. En Japón, el primer ministro Shinzo Abe lanzó en diciembre del 2013 un ambicioso programa de reformas para sacar al país de un marasmo económico que ya duraba dos décadas. Los resultados hasta ahora son mediocres. Pero la reciente victoria electoral de su gobierno reafirma la continuidad del camino elegido. Una fuerte expansión monetaria, mayor devaluación del yen y la puesta en marcha de reformas estructurales –anunciadas pero aun no realizadas- serán la hoja de ruta del 2015. China está dando los primeros pasos de un largo proceso de reestructuración económica que privilegia el consumo popular sobre las exportaciones y la inversión. La modificación en la matriz económica es indispensable para sostener el crecimiento, pero el cambio será doloroso porque afecta a numerosos intereses económicos y políticos. Tanto la tasa de crecimiento china como su demanda de materias primas importadas se desacelerarán en los próximos años. El crecimiento de los países emergentes exportadores de commodities se redujo de la mano de la caída en los precios de las materias primas. En particular, la feroz caída en el precio del petróleo (del 45% durante los últimos seis meses) agrava la presión económica sobre los países exportadores (en particular Irán, Nigeria, Rusia y Venezuela). En nuestra región, los países con políticas macroeconómicas relativamente sólidas como Brasil, Chile, México, Perú y Uruguay se sostienen, aunque enfrentan dificultades fiscales y presiones cambiarias que seguramente se agravarán durante el próximo año. Los países con políticas económicas endebles, como la Argentina y Venezuela, están estancados y tendrán que enfrentar durante el 2015 las dolorosas consecuencias de su mala administración. En el caso de Venezuela, la caída en los precios del petróleo agrava el desorden económico interno y quizás lleve al país al “default” antes de fin de año. En el campo de la política internacional, el 2014 fue un año turbulento. La geopolítica retornó al centro del escenario y mantendrá su primacía durante el 2015. La anexión de Crimea y el desarrollo de un conflicto cívico/militar larvado en el este de Ucrania enfrentan a Rusia con los Estados Unidos y sus aliados europeos. La caída del petróleo y un abanico de sanciones económicas y financieras debilitan la economía rusa pero no parecen suficientes para modificar la ambición geopolítica que anima al Kremlin. En el Medio Oriente y África del Norte, varios estados nacionales se quebraron. Iraq se partió en tres (chiitas, sunitas y kurdos) y su gobierno central se transformó en un régimen sectario (chiita) cada día más dependiente del apoyo de Teherán (Irán). El Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS), un grupo insurgente fundamentalista sunita- desconocido hace un año- ganó el control de un vasto territorio que incluye el este de Siria y parte del oeste y norte de Iraq, donde impuso a sangre y fuego la ley islámica más tradicional y persigue violentamente a aquellos que se le oponen. Libia dejó de ser un estado nacional y se transformó en un territorio fragmentado y dominado por facciones tribales que se diputan el poder y luchan por controlar los ingresos petroleros. En Egipto, el retorno de los militares al poder a través de un golpe contra el gobierno de la Hermandad Musulmana estabilizó la caótica situación previa. Pero el retorno a un pasado autoritario no asegura la estabilidad en el largo plazo y existe el peligro de una radicalización de los grupos islámicos excluidos del poder. En Asia el peligro de conflicto geopolítico está creciendo. El creciente nacionalismo chino, el rearme del Japón así como una mayor presencia militar de los Estados Unidos en la región, son los síntomas evidentes de las nuevas circunstancias. El fortalecimiento de China es el evento geopolítico más importante de la actualidad y representa a la vez una oportunidad y una amenaza, sobre todo en su vecindario. Las ambiciones geopolíticas chinas por expandir su área de soberanía sobre sectores del Mar del Sur y del Este de China (donde existe petróleo) genera disputas con otros estados de la región, como Japón, Filipinas y Vietnam, que sostienen sus derechos soberanos sobre las aguas en conflicto. Vivimos en un mundo más desordenado porque ya no existe una súper potencia o una alianza de grandes potencias con la capacidad y la voluntad de proveer liderazgo y contención a escala global. La prosperidad económica y los problemas mundiales están cada vez más entrelazados en un sistema mundial más disfuncional y menos previsible.

Publicado en Clarín edición impresa

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