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A LAS 12 DE UN DIA HABIL, LA SEMANA PASADA,

UN AUDITORIO COLMADO ESCUCHO A RICARDO  MONNER SANS.

Ricardo Monner Sans |  Foto Mauricio Garin

Ricardo Monner Sans | Foto Mauricio Garin

 

Luis Rodrigo  |  politica@ellitoral.com

“Si fui demasiado contemplativo pido disculpas”, bromea Ricardo Monner Sans al terminar la entrevista con El Litoral, abundante en hechos y también en adjetivos -además de reflexiones- sobre la corrupción en la Argentina. Habla de “baratura”, “improvisación”, “ignorancia absoluta” y de “imbecilismo”.

A Monner Sans, lo que ocurre hoy lo alarma aún más que lo que pasaba en los ‘90. Y no sólo por lo extendido y por las cifras de la corrupción. También porque no ve que, en términos sociales, se la condene.

A Menem lo mandó preso “al menos por un rato”, en el juicio por el contrabando de armas y la explosión de Río Tercero. Complicó su vida y sus bienes en infinidad de juicios y causas que fueron a Tribunales (no a las redes sociales). Tiene la autoridad moral para usar palabras que el lenguaje político no usaría nunca.

No duda en decir que el “imbecilismo” se ha apoderado de la lógica política. Y lo peor, que ese término (que todavía no ha aceptado la RAE) “está siendo absorbido” por los argentinos.

El abogado relata que un periodista de The Wall Street Journal le hizo “la pregunta del millón”, innecesaria aquí, ineludible para un extranjero: “ ‘¿Por qué los argentinos toleran tener un juez como Oyarbide?’. Cómo explicarlo…, cómo se responde a eso, se la regalo”.

“Esto muestra nuestra falta de movilización popular, de indignación relevante. Hace tres años, Brasil tuvo un gran movimiento contra la corrupción; años atrás, lo hicieron los turcos. Por qué nosotros no hacemos algo así… ¿estamos tan ‘curtidos’ en el peor sentido de la palabra?”, cuestiona.

Periodista: —¿Imaginaba años atrás un escenario nacional tan difícil, tan complejo como el actual?

Dr. Ricardo Monner Sans: —El delito, el narcotráfico, los Oyarbide, los hombres que se llevan el dinero por izquierda para que el pueblo se empobrezca por derecha, todo esto está llegando a límites insospechados.

No vayamos tan atrás. Si en 2013 me hubieran planteado que las cosas iban a ser como son hoy, yo hubiera dicho, ‘no, ese límite no se va a pasar…’. Me hubiera equivocado.

—¿Qué límites hemos pasado?

—El del abaratamiento de toda la conducción política, que en la Argentina haya un uso de la cadena oficial para hablar de cualquier cosa: desde la milanesa hasta cualquiera de las cuestiones gástricas que puede traer aparejado el arroz indica un promedio de imbecilismo, y me hago cargo de la palabra, que además muestra algo muy peligroso: que ese imbecilismo está siendo absorbido en la República Argentina.

Y claro que las responsabilidades principales están arriba, pero abajo, contrariamente a lo que pasaba en los ‘90, con Carlos Menem -a quien llevamos un rato preso por el tema de las armas, es obvio que no me simpatiza-, había una suerte de esperanza para lo que se venía. Para el post menemismo que ahora no percibo.

Es cierto que la Alianza se encargó de desarmar esas expectativas, pero ante el menemismo hubo la idea de que el cambio era hacia adelante.

—Ud. compara al kirchnerismo con el menemismo.

—Sí y con tristeza veo que el kirchnerismo lo ha superado: a la baratura y la improvisación se suma sobre todo el crecimiento de estas agrupaciones juveniles, que muestran una profunda ignorancia respecto de qué es lo que están manejando… Por ejemplo, con las pérdidas de Aerolíneas Argentinas. Cuantitativamente es mucho, pero cualitativamente es más grave.

El menemismo, mal que mal, no se la tomó con la libertad de expresión. Los diarios y los periodistas independientes decían, en promedio, lo que querían. La persecución que el kirchnerismo ha hecho sobre los periodistas independientes, el uso de la pauta oficial para palmear los hombros de los afectos y para tirar a los leones a los que critican, indica una manera muy sibilina de impedir que el país se informe.

Entre los canales de TV, el fútbol para todos, las radios y esa cantidad de diarios que no se leen pero reciben mucha pauta oficial, han multiplicado los espacios para el elogio al gobierno.

—¿Es sólo un problema de la Casa Rosada?—Las fuerzas que aparecen como opositoras tienen también algo que ver en ese imbecilismo. En el país se ha oficializado que la importancia de las alianzas o de las contraalianzas, de los consensos para tener políticas de Estado, pasan por las fotografías. Si eso es así, es que estamos mal. Cuando en el país no se han oficializado ni 100 páginas sobre cómo entre distintos partidos políticos se combate la corrupción, es que estamos mal. Ni hay 150 páginas para saber cómo enfrentar al narcotráfico, es que vamos mal.

Vemos que las redadas meten presos a algunos narcotraficantes, pero el tráfico sigue… la misma estructura que se descabeza da lugar a otra que la sustituye.

—¿Vivimos un problema moral o un problema económico?

—Es difícil de distinguirlo. Creo que es porque la inmoralidad ha crecido a niveles impensados y porque se han llevado una cantidad tan exorbitante de dinero que los dos problemas se confunden. Lo vienen logrando, es un armado, muy bien armado, donde las formas, en los métodos, el cómo, no importan.

Esto es apenas lo que se sabe… la punta del iceberg. ¿Cuánto más habrá que no se sabe? Esto es sin comparación posible con las María Julia, los Alderete, los Gostanián… se termina extrañando a los menos malos.

—La violencia social, de los delincuentes, los linchamientos a los delincuentes o a una nena por ser linda… ¿esto era una etapa previsible en nuestra decadencia?

—Es violento el discurso de los de arriba, más cuando pretenden ningunear a numerosos sectores de la República. Es una manera absoluta de provocación. De tratar al otro como a nadie, eso instala una tensión, una agresión cotidiana, una intolerancia enorme frente a las pequeñas cosas… Es una gestación violenta que es anterior al balazo, a la puñalada, a la patada… ¿No hay una línea desde la violencia oficial del discurso hasta la violencia final en parte de la gente? Es indemostrable, etéreo por supuesto, pero creo que hay una violencia instalada desde la apropiación partidaria del Estado por un gobierno que niega a la oposición.

El dato

Cien años del PDP

Ante un atento auditorio que colmó los lugares disponibles (hubo gente de pie), Ricardo Monner Sans dio una charla como invitado del Partido Demócrata Progresista sobre “La ética en la política argentina: de Lisandro de la Torre a la actualidad”. La actividad del presidente honorario de la Asociación Civil Anticorrupción inició el programa de actividades para celebrar los cien años del PDP. “Para mí es muy significativo que un partido al que no pertenezco me haya hecho esta invitación”, subrayó.

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Ricardo Monner Sans

Presidente De La Asociación Anticorrupción

Estudio Mitrione Abogados

Cerrito 782   4 (Capital Federal)

Teléfono (011) 4372 6758

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One Comment

  1. Estoy muy de acuerdo con todos sus conceptos, señor Sánz, pero hay algo que me dice que todo cambiará y para muestra tenemos a Mendoza donde nos dicen que no hay imbéciles, mañana se confirmará con la Capital y posteriormente otras provincias. Pero claro el trabajo tendrá que ser arduo para desenmarañar la enorme trama de de acomodos que han envalentonado a su tropa, pero sabe que: nada es eterno y en la vida todo tiene un fin y se termina y toda esta gente también lo sabe, por eso trata de salir de pie, algo que no creo que puedan alcanzar.

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