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IMPUESTOS JB ALBERDI 02IMPUESTOS INICUOS EN LA HISTORIA MUNDIAL

CAPITULO 6  De La Obra de Antonio I. Margariti

LOS LÍMITES DEL ESTADO POPULISTA

Cuando se recorre la historia de la decadencia de los imperios, documentadas en las brillantes monografías de Carlo M. Cipolla (1[I]) no quedan dudas que el derrumbamiento de los Estados y sus gobiernos está relacionado con estas 3 causas:

* la corrupción de los gobernantes,

* la depravación de las costumbres populares,

* los impuestos abusivos.

 
IMPUESTOS JUANA DE ARCO1. La doncella de Orleans.  (JUANA DE ARCO)

Un insólito ejemplo histórico es apto para enseñarnos la enorme importancia que la verdadera naturaleza de los impuestos tiene sobre los acontecimientos históricos. El tema ha sido magistralmente investigado y escrito por el célebre autor americano Mark Twain (1835-1910) ([II]2)

Se trata, sin duda. de la mejor biografía de Juana de Arco, heroína de la reconquista francesa, durante la guerra de los cien años entre Francia e Inglaterra (1337-1453).

El reino de los francos había sido gobernado por el hijo de Carlos V y Juana de Borbón con el nombre de Carlos VI. Coronado a los 11 años, inicialmente fue apodado “Carlos el Bien Amado” y luego lo llamaron “Carlos el Loco”, porque alrededor de los 25 años experimentó ataques de psicosis que continuaron toda su vida. Los médicos atribuían su estado a que sufría de esquizofrenia o trastorno bipolar. Durante uno de sus frecuentes períodos de enajenación mental aumentó hasta tal punto los impuestos que provocó graves insurrecciones urbanas por toda Francia.

Su reinado estuvo marcado por la disputa entre seguidores de la casa de Armagnacs-Gascuña por un lado y partidarios del Duque de Borgoña por el otro. En esos años, Inglaterra que estaba gobernada por Enrique V de la casa de Lancaster, aprovechó el estado de caos, anarquía y rebelión popular para invadir Francia en la guerra de los cien años.

Los ducados de Normandía, Bretaña, Champagne, Aquitania, Guyena y Gascuña incluyendo Paris, cayeron en manos de los ingleses como consecuencia de la victoria de Azincourt en 1415 y consiguieron dominar gran parte del país.

Francia quedó dividida en tres dominios: una parte para el reino inglés de Lancaster, otra parte para el Ducado de Borgoña (con Felipe III el Bueno, hijo de Juan Sin Miedo) y el resto para el Borbonesado-Delfinado (a cargo del hijo de Carlos VI e Isabel de Baviera como el regente Carlos o “el Delfín”).

Extrañamente, la ocupación británica en el norte de Francia no era resistida por el pueblo francés. Por el contrario contaba con fervientes partidarios sobre todo entre los borgoñones debido a una particularidad histórica. Hacía ya 200 años que los ingleses habían puesto límites constitucionales al poder fiscal de los monarcas mediante la Carta Magna. Fieles a esta tradición tenían el cuidado de no abrumar con impuestos a los pueblos que dominaban. De allí que los propios franceses tolerasen la ocupación británica y no les inquietaba que los realistas meridionales no pudiesen coronar un rey francés.

Por su lado los ejércitos de la facción del Delfín vagaban derrotados por la parte meridional del territorio galo y la situación se prolongó durante años hasta que en 1428 se produjo un prodigio sobrenatural.

Una pequeña campesina de poco más de 15 años, se dirigió desde Domrémy, pequeño poblado situado en el departamento de los Vosgos en la región de Lorena, al encuentro del Delfín para informarle que “las voces celestiales” le habían ordenado expulsar a los ingleses de Francia y coronarlo como rey.

Al principio no fue tomada en serio, pero después de profundas dudas y una serie de curiosas pruebas -prolijamente documentadas y conservadas hasta hoy- el Delfín quedó convencido por la niña y tomando una resolución sorprendente le otorgó el mando de sus ejércitos.

Juana de Arco, revestida con brillante armadura, espada y un legendario estandarte dirigió, entre 1429 y 1430, los ejércitos franceses. Peleó como un león en el sitio de Orleáns, el asedio del Loire, Patay y otra serie de grandes batallas. Al final, excepto París, reconquistó el territorio galo, derrotando a los ingleses.

De triunfo en triunfo, la heroína convocó en la catedral de Reims a la coronación de Carlos VII como rey de Francia. Siendo una jovencita iletrada era más popular que el propio rey. Los franceses la consideraban elegida por Dios para rescatar a Francia. Valiente, pura, vigorosa y con una fe inmutable, Juana de Arco -que traslucía simultáneamente un irresistible candor y sorprendente sagacidad para evaluar las circunstancias históricas- organizó una ceremonia majestuosa para coronar a Carlos VII.

Cubierta con la brillante armadura plateada, espada en mano y el famoso estandarte desplegado en el brazo izquierdo, permaneció en el altar de Reims al lado del rey, mientras el obispo lo coronaba como rey de Francia.

En medio del fervor y delirante entusiasmo del pueblo, Carlos VII proclamó a voz en cuello: “Doncella de Orleáns, tus “voces celestiales” tenían razón cuando te condujeron en las batallas. Con enorme coraje habéis salvado la corona. Pedidme, exigidme lo que deseéis, cualquiera sea la gracia, os la concederé, aunque tenga que empobrecer al reino para satisfaceros”.

Registros de época sospechaban que pediría un título nobiliario para ella y su familia.

Pero al oír estas palabras, sorpresivamente Juana de Arco cayó de rodillas y dijo: “Sire, noble y gentil rey, se ha cumplido mi misión. En nombre de Dios sólo os pido una cosa: ¡Que rebajes los impuestos! porque el pueblo está en la miseria, duramente castigado por los tributos y la guerra”.

El rey sorprendido, pero cicatero y celoso por la popularidad de la heroína de Francia quiso diluir el insólito pedido y cortamente prosiguió diciendo: “Eso está concedido, pedidme otras cosas”. La jovencita, con audacia volvió a contestarle: “No quiero nada para mí, gentil rey, no insistas, sólo me interesa lo que te he pedido”.

El rey desconcertado, permaneció en silencio sin poder comprender la increíble generosidad de esta campesina. Levantó majestuosamente su cabeza coronada y manifestó: “Has conquistado un reino y coronado a un Rey y todo lo que pides y aceptas es un favor que no es para ti sino para los demás. Bueno, así está bien. Lo que vos has realizado responde a la persona que en tu interior dispone de unas riquezas muy superiores a las que pueda otorgar cualquier rey de este mundo…, aunque entregara todo su reino. Será como vos queréis. Así pues: Ordeno que desde hoy en adelante, Domrémy, la aldea natal de Juana de Arco, la liberadora de Francia y Doncella de Orleáns, quede libre de todos los impuestos para siempre”.

Pese a la mezquindad de la oferta real, al pronunciar Carlos VII estas palabras, en el interior y afuera de la catedral de Reims los clarines y trompetas dejaron de oír sus tonos más jubilosos. Esta liberación fiscal se mantuvo vigente desde el 17 de julio de 1429 hasta hace algunos años.

Resulta asombroso y nos mueve a profunda reflexión, que esta jovencita venerada por todo el pueblo, adoptada como símbolo cultural de Francia y que fuera indudable fuente de inspiración moral para las fuerzas aliadas durante las dos guerras mundiales, haya renunciado a toda vanagloria y, en el apogeo de su misión, únicamente haya pedido al rey que libere a sus súbditos de la servidumbre de impuestos excesivos.

La historia concluyó tristemente poco tiempo después. Juana de Arco fue tomada prisionera por los seguidores del Duque de Borgoña y entregada en Ruán a los ingleses donde se armó un falso juicio. Acusada de hereje, fue quemada viva en una hoguera levantada en la plaza pública. Tenía 17 espléndidos años. Desde entonces fue proclamada Santa Juana de Arco, patrona de Francia.

Su apasionante vida es un testimonio, históricamente cierto y documentado.

Parece una historia increíble, pero así ocurrió realmente.

IMPUESTOS ROBIN HOOD2. El justiciero de Sherwood.  (ROBIN HOOD) 

Muchas veces para justificar la función redistributiva de los impuestos por parte del Estado, se suele mencionar a un personaje histórico muy distinto de Juana de Arco.

Se trata de Robin Hood, quien no era precisamente un santo pese a que entre sus compañeros se encontraba el monje benedictino fray Tuck, excelente catador de vino y chef de buena cocina. Robin Hood era contemporáneo de Ricardo Corazón de León, vivió mas de 100 años antes que Juana de Arco y fue cuidadosamente estudiado por Tibor Richard Machan, profesor a cargo de la cátedra de Business Ethics and Free Enterprise en la Escuela de negocios de Chapman University, Orange, California.

Según la leyenda, Robin Hood era un varón de noble corazón dispuesto a ayudar al prójimo y que vivía escondido en el bosque de Sherwood. Se llamaba Robin Longstride o Robin Loxley, que en inglés significa “petirrojo con capucha”. Fue un héroe arquetípico, amado por la gente, pero considerado “forajido” porque en la Inglaterra medieval así se llamaban los individuos que se oponían a los edictos reales. Vivió entre los siglos XII y XIII y en cierto momento decidió defender a los pobres y oprimidos. Se puso fuera de la ley, escondiéndose en los bosques de Sherwood y Barnsdale, cerca de la ciudad de Nottingham. Como era un hábil arquero, tendía emboscadas a los carruajes reales y asaltaba a los secuaces del sheriff de Nottingham, un villano que protegía a poderosos deleznables como el millonario terrateniente Sir Guy de Gisbourne y el arrogante príncipe Juan Sin Tierra. Este último, fue luego el Rey de Inglaterra a quien los barones, obispos y la clase media le impusieron, año 1215, la Carta Magna, primera constitución de la historia que establece el parlamento para limitar el poder real. Ambos personajes utilizaban la fuerza pública y los edictos reales para acaparar las riquezas y propiedades de todos aquellos que se oponían a su gobierno. Contra estos gobernantes dirigió Robin Hood sus ataques. Indignado por los arrebatos de impuestos que se hacían en nombre de la ley, Robin Hood decidió robar a los que se enriquecían ilegalmente y distribuir el botín fiscal entre las víctimas y los pobres (3)

Ciertos autores de finanzas públicas, considerados progresistas, y muchos políticos actualmente gobernantes se amparan en el mismo dilema de Robin Hood para justificar su política fiscal, sosteniendo que también ellos sacan dinero a los poderosos para darlo a los necesitados.

Por eso deslizan el falso argumento de que: ¿acaso Robin Hood, no robaba a los ricos para dárselo a los pobres? Y de esta manera ¿no es lo mismo que ahora hace el Estado con los impuestos, bajo el imperio de la ley, gravando a los que más poseen para repartirlo entre los que menos tienen? ([III]3)

A pesar de las apariencias, el argumento esconde una falacia, porque en realidad Robin Hood hacía todo lo contrario de lo que dicen nuestros políticos y gobernantes. Nunca jamás saqueaba para el Estado. Robaba a quienes ocupando cargos importantes en el gobierno, se habían enriquecido ilegítimamente saqueando a los pobres y devolvía ese mismo dinero a sus verdaderos dueños. Robin Hood restauraba el derecho de propiedad de las víctimas que habían sido despojadas por el Fisco. Era un auténtico vengador. (3)

Obraba de manera parecida a lo que, en la ficción, hubiese hecho un justiciero fiscal moderno asaltando camiones de caudales de la ex ONCCA -que transportasen el dinero recaudado con las retenciones agrícolas- para devolver ese mismo dinero a los pequeños y medianos productores rurales del interior del país, que soportan la quita del precio de sus granos en manos de los exportadores y por orden del Gobierno.

En los tiempos de Robin Hood, los reyes y sus cómplices de la nobleza extorsionaban al pueblo utilizando las leyes y la fuerza pública para cobrarse los impuestos. Justificaban esos arrebatos alegando que toda propiedad pertenecía a la corona y su séquito de cortesanos. La tierra y las posesiones cultivadas por los siervos de la gleba eran trabajadas tan sólo como una graciosa concesión del soberano hacia a sus súbditos.

Esto es casi idéntico a lo que pasa hoy en día en nuestro país, porque como lo dice, con gran ingenio, Juan Carlos de Pablo: “Una de las tragedias que padecemos en Argentina es que cuando uno tiene un dólar en el colchón o depositado afuera del sistema, ese dólar “es mío”, me pertenece. Pero cuando el dólar está invertido en una empresa dentro del sistema, esos activos “son nuestros”, pertenecen al Estado, a la comunidad, al sindicato, a la AFIP, a la Obra Social, a la ANSES, al Banco o a las Administraciones tributarias provinciales. Basta escuchar a algunos dirigentes políticos, sindicales o “intelectuales” para advertir que en Argentina los propietarios deben dar gracias que todavía puedan disponer de una parte de los frutos de sus inversiones”. ([IV]4)

3. Las legiones romanas (DECADENCIA DEL IMPERIO ROMANO)

Recorriendo la historia, pero muchísimos siglos antes de Juana de Arco y de Robin Hood, encontramos otro ejemplo excepcional de los efectos depredadores del impuesto en la caída del imperio romano. Al releer las enseñanzas de ese gran maestro de la Hacienda Pública, que fue Luigi Einaudi (1874-1861) descubrimos la incidencia fatal de los impuestos.

Decía el insigne profesor Einaudi: “La ruina del Imperio Romano de Occidente fue inevitable, no cuando faltaron las bolsas de pan y alimentos para distribuir entre la muchedumbre de los alrededores de Roma, ni cuando dejaron de llegar a los circos máximos las bestias, los gladiadores y los cristianos que divertían a la plebe con el espectáculo de sangre y muerte.

IMPUESTOS DIOCLESIANOOcurrió muchísimo antes, desde Dioclesiano con sus Edictos devaluando la moneda y estableciendo precios máximos. En las urbes romanas los ciudadanos temblaban al recibir su salario en monedas degradadas que habían reemplazado a las de oro y plata. Con aquellas se inició una alta inflación y de inmediato se produjo el desabastecimiento y escasez de los bienes imprescindibles. Para cubrir sus abultados gastos burocráticos el Estado impuso el pago de altos impuestos (tributum) a los ciudadanos (civis). Si no los pagaban, la alternativa era ser convocados al ejército (conscriptum) para servir como soldados (decurioni) en las legiones romanas.

Entonces los ciudadanos romanos huían y se refugiaron en tierras de los bárbaros, pidiéndoles amparo y ocupándose en menesteres viles e infamantes, con tal de sustraerse a la obligación de IMPUESTOS JULIO CESAR-2pagar tributos al César. Fue el principio de la decadencia de Roma.

Las naciones, los reinos y los imperios crecen o decaen principalmente por razones morales y espirituales, pero los impuestos suelen ser los grandes factores de inestabilidad y decadencia. En el mismo momento en que los tributos pasan de cierto límite, en lugar de fomentar la estabilidad, se convierten en causa de la decadencia de las naciones y ello es decisivo para provocar el fin del Gobierno y la muerte del Estado” (5[V])

4. Las guerras de la independencia americana. (DE TODA AMERICA)

También las guerras de la independencia americana, quisieron acabar con la rapiña fiscal, mostrando que los reyes violaban los derechos naturales de la gente oprimiéndolas con impuestos. Así lo señalan varios episodios históricos.

IMPUESTOS TEA PARTYEl “tea party” o motín del té en Boston en 1773, protestando contra los impuestos que gravaban la importación de distintos productos para beneficiar a la corona británica. Con el tiempo, el motín del té demostró ser una de las principales causas que llevaron a la guerra de independencia de EE.UU.

En el mismo sentido, los escritos económicos del IMPUESTOS MANUEL BELGRANOgeneral Manuel Belgrano presentados en trece Memorias anuales desde 1794 a 1807 ante la Junta de Gobierno de Buenos Aires con el sugestivo título de “Medios generales para fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio en un país agricultor”. Del mismo modo, el documento económico más completo escrito en 1809 por

MANUEL MORENO

MANUEL MORENO

Manuel Moreno durante el virreinato del Río de la Plata, y denominado “Representación de los hacendados” en el que demostraba la ridiculez de las prohibiciones de exportar y reclamaba la necesidad de la apertura comercial para poder exportar la carne vacuna, los productos de cuero y los derivados vacunos que estaban interdictos, permitiendo la importación legal para desbaratar el contrabando británico.

También es imprescindible el notable libro de IMPUESTOS JB ALBERDI 01Juan B. Alberdi “Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución Nacional”, auténtico y genial proyecto nacional. Decía Alberdi: “La Constitución no intenta hacer del país un mercado; de la República una bolsa de comercio; de la Nación un taller. Tomando el país como es por la obra de Dios, con sus necesidades morales a la vez que físicas, y sirviéndole en sus intereses de todo orden, la IMPUESTOS JB ALBERDI 04Constitución Argentina satisface las exigencias de la economía cristiana y filosófica, sin incurrir en las extravagancias y descarríos del socialismo, que con tanta razón ha espantado a los hombres de juicio, proponiendo remedios más aciagos que el mal. El gobierno no ha sido creado para hacer ganancias, sino para hacer justicia; no ha sido creado para hacerse rico, sino para ser el guardián y centinela de los derechos del hombre, el primero de los cuales es el derecho al trabajo y luego a la propiedad privada lograda con ese trabajo”.

Todos estos ejemplos demuestran que las naciones americanas se independizaron por la presión impositiva de las metrópolis coloniales. Quisieron emanciparse de quienes les arrebataban el fruto de su esfuerzo con impuestos. Pero paradójicamente, en las nuevas repúblicas formadas con los restos de los antiguos virreinatos, los impuestos siguieron existiendo con férrea continuidad. Porque bajo el pretexto de un régimen presidencial fuerte y con un federalismo de utilería, la monarquía prolongó su modelo y los presidentes ocuparon el lugar del rey.

Hace 200 años, los fondos requeridos por los gobiernos eran moderados. Oscilaban entre el 4 % y el 14 % de la renta nacional. Luego subieron hasta el 25 % de los ingresos totales y en la actualidad llegan al 47 % del PIB. Ya no hay más moderación en la creación y cobro de impuestos. Esto se asemeja cada vez más a un asalto a mano armada y pareciera clamar por una nueva hazaña como la de Juana de Arco, como la de Robin Hood, como el tea-party, o siguiendo las enseñanzas de Manuel Belgrano, Mariano Moreno yJuan Bautista Alberdi.

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(1) CARLO M. CIPOLLA, J.H.ELLIOT, R.VILLAR Y OTROS: La decadencia económica de los imperios. Alianza Editorial, Madrid, 1979.

(2) MARK TWAIN, Juana de Arco, la asombrosa aventura de la doncella de Orleans, Ed. Palabra, Madrid, 2004.

(3) TIBOR RICHARD MACHAN, profesor depto. de filosofía de la Aubum Uni versity; cátedra de Business Ethics and Free Enterprise, Escuela de negocios de la Chapman University, Orange, California; Investigador de Hoover Institution, Universidad de Stanford; prof. adjunto del Mises Institute.

(4) JUAN CARLOS DE PABLO: Si hay demanda y créditos, ¿porqué no hay más inversión? Revista Fortuna, Buenos Aires, julio 2010.

(5) LUIGI EINAUDI: Mitos y paradojas de la justicia tributaria. Ediciones Airel, Barcelona, 1963.


[I] (1) CARLO M. CIPOLLA, J.H.ELLIOT, R.VILLAR Y OTROS: La decadencia económica de los imperios. Alianza Editorial, Madrid, 1979.

[II] (2) MARK TWAIN, Juana de Arco, la asombrosa aventura de la doncella de Orleans, Ed. Palabra, Madrid, 2004.

[III] (3) TIBOR RICHARD MACHAN, profesor depto. de filosofía de la Aubum Uni versity; cátedra de Business Ethics and Free Enterprise, Escuela de negocios de la Chapman University, Orange, California; Investigador de Hoover Institution, Universidad de Stanford; prof. adjunto del Mises Institute.

[IV] (4) JUAN CARLOS DE PABLO: Si hay demanda y créditos, ¿porqué no hay más inversión? Revista Fortuna, Buenos Aires, julio 2010.

[V] (5) LUIGI EINAUDI: Mitos y paradojas de la justicia tributaria. Ediciones Airel, Barcelona, 1963.

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