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(Recibido de Argentina.  Publicado desde Chicago )

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Los Kirchner y la naturaleza de los ladrones 
Por Marcelo López Masia
Hace diez años viajé a Santa Cruz por primera vez para averiguar qué había pasado con los desaparecidos mil millones de dólares que la provincia había reunido gracias a las regalías petroleras mal liquidadas, los célebres fondos de Santa Cruz.
Por entonces, el recientemente desaparecido periodista Daniel Gatti, autor de la primera biografía sobre Néstor Kirchner llamada “El amo del feudo”, me dio una visión muy particular sobre el matrimonio que gobernaba desde Río Gallegos.
No son de derecha, ni de izquierda. No son estatistas, ni privatistas. En esencia, son ladrones“, me contaba. Desde su punto de vista, era irrelevante buscar el destino de los fondos ya que él estaba convencido que nunca íbamos a enterarnos qué pasó con semejante masa de dinero. Desde entonces, traté de entender la psicología de estos dos tipos que a principios de los años 80 ya eran dueños de más de 20 propiedades pero cuya voracidad, lejos de ir menguando, crecía y crecía a medida que más bienes y dinero poseían.
Hace una década que escucho a los ingenuos o cómplices políticos de la oposición repetir frases tales como: “Hay que hacerle entender a Cristina” o bien “seguro que la Presidenta se dará cuenta de tal o cuál error”.
En las últimas semanas, comencé a bucear sobre la psicología de los ladrones y encontré a un autor norteamericano, oriundo de Augusta, que dio en la tecla sobre este tipo de psicopatía. El doctor Hervey Cleckley estableció hace ya más de 70 años cómo se genera este trastorno antisocial de la personalidad y cuáles son las características principales de estos delincuentes. Concretamente, los ladrones son personas agresivas e irresponsables a las que el citado médico aborda extensamente en su obra La máscara de la sanidad. El autor explica que se trata de personas que “padecen un egocentrismo patológico e incapacidad para amar al resto”. Este profesional estadounidense señala que el ladrón es “altamente agresivo e impulsivo y carece de sentimientos y de culpa (a veces no por completo) y sería incapaz de crear lazos de afecto duradero con otras personas (…) superficialidad emocional, trato social aparentemente agradable e incapacidad para aprender de la experiencia”. Alcoyana-Alcoyana. Esta suerte de Nostradamus yanquee describió con justeza a CFK ya en el año 1941. Acting-out. “Se trata de la forma como el individuo internaliza en la acción sus fantasías neuróticas particularmente hostiles. Acting out se refiere a la libre, deliberada y a menudo maliciosa auto indulgencia en el impulso, particularmente en la esfera de la agresión”.
¿Ustedes escucharon algún discurso de Cristina donde no termine chicaneando o insultado a algún partenaire de ocasión?
Para el cierre: “Casi todas sus conductas delictivas tienen una significación mágica: exaltar o restaurar un sentimiento primitivo de omnipotencia. Esto le da al ladrón una visión distorsionada de la realidad. Así, la hostilidad proyectada, es como un mecanismo de compulsión a la repetición. A pesar de su habilidad para aprender cosas, no obtiene provecho de las lecciones de su propia experiencia. Miente aun cuando no exista una razón lógica para hacerlo. El delincuente-ladrón busca tener cada vez más poder, el cual le hace sentir que él puede decidir qué es malo y qué es bueno”.
Una perla, tipo post data, para entender la locura de los K por la renta, antes que por el esfuerzo: “el ladrón parece no recibir satisfacción alguna del trabajo productivo. Lo desprecia”.Cerramos con Cleckley y volvemos al principio, al amigo Daniel Gatti: “No se trata de un problema político, son ladrones”.Quién quiera oír, que oiga. Quién quiera seguir negociando con ellos, que Dios lo ayude.
Marcelo López Masia.

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Dr. Hervey Cleckley

El doctor Hervey M. Cleckley fue el pionero de la investigación sobre psicopatía. En 1941, publicó un libro llamado The Mask of Sanity: An Attempt to Clarify Some Issues About the So-Called Psychopathic Personality. Más tarde, el médico Robert Hare apareció con su Psychopathy Checklist para establecer las principales características del comportamiento psicopático. Posteriormente Cleckley co-escribió (con Corbett Thigpen) The Three Faces of Eve (1956).

Characteristics of Thief 

Cleckley introduced 16 behavioral characteristics of this psychopath: [5]

  1. Superficial charm and good intelligence
  2. Absence of delusions and other signs of irrational thinking
  3. Absence of nervousness or psychoneurotic manifestations
  4. Unreliability
  5. Untruthfulness and insincerity
  6. Lack of remorse and shame
  7. Inadequately motivated antisocial behavior
  8. Poor judgment and failure to learn by experience
  9. Pathologic egocentricity and incapacity for love
  10. General poverty in major affective reactions
  11. Specific loss of insight
  12. Unresponsiveness in general interpersonal relations
  13. Fantastic and uninviting behavior with drink and sometimes without
  14. Suicide threats rarely carried out
  15. Sex life impersonal, trivial, and poorly integrated
  16. Failure to follow any life plan.

Some of the criteria have obvious psychodynamic implications, such as a lack of remorse, poor judgment, failure to learn from experience, pathological egocentricity, lack of capacity for love, a general poverty in major affective reactions, and lack of insight into his own condition.[2] Starting in 1972, newer editions of the book reflected a closer alliance with Kernberg‘s (1984) borderline level of personality organization, specifically defining the structural criteria of the psychopath’s identity integration, defensive operations and reality testing.[6]

Cleckley also introduced the term “semantic dementia” (used today to refer to a medical disorder unconnected to Cleckley’s meaning) to refer to the inability of this personality type to “understand the meaning of life as lived by ordinary people”. Behind the mask of sanity, the psychopath’s “emotional mechanism had collapsed”.[7] Additionally, Cleckley used the term “sematic aphasia” to describe a tendency among psychopaths to use language well enough for daily interactions while actually lacking a deep understanding of language, manifested as “the mechanical production of a well-constructed but counterfeit speech.”

In summary, Cleckley clearly distinguishes the psychopath from other disorders such as neurotic alcoholics, psychoneurotics, criminal sex offenders and typical criminals. The psychopath does not suffer from any obvious mental disorder. Cleckley characterizes the psychopath as, despite apparent intelligence, seeming to deliberately court failure and disaster for no obvious reason, what Cleckley calls a social and spiritual suicide, or semi-suicide. For example, the classic alcoholic drinks to avoid reality, while the psychopath drinks simply to get into trouble.[7]

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