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Por Gaston Saint Martin (saintmartin@hotmail.com) 

Amigo Guillermo:

Gracias por enviarme su historia de Fernando Parrado “La Fila 9”.

!Me conmovió. No sé si es por haberla recibido en Navidad, o por las alusiones al liderazgo y a los valores familiares, posiblemente por ambas cosas, pero sé que principalmente es porque ese accidente dejo en mi memoria recuerdos importantes e imborrables; que aprovecho la ocasión para compartirla con Uds.

El “Liderazgo y Toma de Decisiones” es un tema de reflexión importante, y que “Los errores no son tan malos… si no se desperdician y se aprende de ellos…” y porque no? Algo que últimamente me obsesiona: el valor de “pensar diferente ante problemas bravos”.

No es nada intrascendente y nunca debe ejercerse un liderazgo a la ligera, no importa mucho si es el de Presidente de un país o de un simple equipo junior. Los errores y aciertos de cualquier liderazgo siempre tienen consecuencias, en especial en la educación y la formación del carácter y experiencia de los dirigidos.

Soy médico argentino, hoy vivo en Chicago, además soy “PP” (piloto privado de avión) solo un “pilotín” podría decir sin ser despreciativo, solo para enfatizar que solo he volado deportivamente vuelos de placer, con no pocas horas en mi historial, pero tampoco muchas, y siempre respetando la regla: “es preferible estar aquí abajo deseando estar allá arriba; que estar arriba deseando estar aquí abajo…”

¿Que tiene esto que ver con el accidente de un vuelo comercial al mando de profesionales, presionado por horarios compromisos y contratos comerciales, completamente fuera de las decisiones técnicas del vuelo en si? se deben estar preguntando más de uno.

A quien quiero “homenajear” con este relato es a mi instructor de vuelo: Eduardo De Castro. No porque él haya sido un “haz de la aviación”, sino por ser el prototipo del hombre de campo argentino, simple, noble, leal, confiable, duro –o seco- al hablar, pero no carente de piedad; tal cual los describió Charles Darwin comparándolos con los argentinos de la Gran Ciudad del Rio de la Plata al que con cierta crítica llamamos “porteños

Eduardo comenzó a volar a los 17 años, en el aeroclub de Neuquén -(a 50 Km de de Gral. Roca, Rio Negro) –  A los 18 años ya era instructor de vuelo. Llegó  a nuestro Aeroclub, que recién se iniciaba, después de un lamentable accidente en el que perdimos tres socios, y un PA-12 que se incendio en vuelo.

Nuestro Aeroclub recién nacía; todo en el era nuevo. Se creó bajo el patrocinio del aeroclub de Neuquén, y de un grupito muy pequeño vecinos ya pilotos con entusiasmo suficiente como para manejar 100 Km (cuando se podía) una o dos veces por semana para recibir instrucción de vuelo en NQN.

Nos ayudo además la primera ley de fomento de la aviación civil que se sancionó  en el gobierno de Perón. Por esa ley cada Aeroclub que se organizaba de acuerdo a lo que la ley exigia, recibía un avión de instrucción, Piper PA12, mono motor (65 HP) ala alta, tren de aterrizaje fijo, convencional (tercer rueda en la cola), hélice de paso fijo, y de tela. Una magnifica maquina con la que han aprendido a volar miles de pilotos alrededor del mundo. Además cada club recibía: Herramientas para un taller completo de mantenimiento de rutina), un mecánico de aviación, un peón de patio, y como jefe de todos eso un instructor de vuelo. Todos esos sueldos incluidos en el presupuesto Nacional (Dirección de Aeronáutica). Eduardo (casi un chiquilín entonces) amo tanto a “su” Aeroclub, al punto que durante su vida rechazó  importantes ofertas como las que siguieron sus amigos y colegas, para continuar sus carreras en aerolíneas comerciales y llegar a jubilarse como comandantes de Aerolíneas Argentinas, por ej. Pudiendo hacerlo Eduardo, nunca quiso afiliarse al Aeroclub y ser un socio más, con más derechos que cualquiera de nosotros lo que “especulativamente” le podría haber dado más “estabilidad”, especialmente cuando la ley de fomento se termino, y cada club debió afrontar sus propios gastos y economía. Eduardo consideró que debía conservar “el mando” en su campo basado en su “autoridad” “Autoridad y mando” son dos cosas muy distintas. El dicho popular lo explica bien claro: “El que sabe…  sabe… y el que no es jefe”. La “autoridad” se basaba en conducta, experiencia y sabiduría en la toma de las mejores decisiones “técnicas” sin importar problemas y presiones ajenas, viniesen de quien sea, Presidente del Aeroclub, o Presidente de la Nación (como verán más adelante).

Su conducta fue acertada. Cuando volvi a Roca desde Chicago, Eduardo ya había cumplido 50 años de piloto comercial, instructor de vuelo, inspector y su  “Libro de Vuelo de Personal Aeronavegante: ya no era uno sino varios tomos en el que no me sorprende contenga (en exceso) mas de 100.000 horas de vuelo, y –a no olvidarse- en aviones pequeños, relativamente simples (bimotores, turbo, hélice de paso variable, tren retráctil oxigeno portátil (no cabina presurizada, prácticamente “rudimentarios” comparados con las maravillas técnicas de los aviones comerciales modernos que “casi” vuelan solos (computarizados al extremo) que permiten al comandante y tripulación, acumular en sus registros de vuelo muchísimas más horas con muchísimo menos esfuerzo y concentración.

Aprovechando este punto de mi relato, dejaré para el final lo concerniente a “La Fila 9”, para antes intercalar tres anécdotas con la intención de describir el carácter del “personaje” que es mi instructor de vuelo.

  1. Después que la ley de fomento de la aviación civil se terminó, la mayoría de los Aeroclubes en Argentina  -para mantener los costos de la hora de vuelo accesible a todos los bolsillos- procuran tener entradas “extras”. Por ejemplo: los clubes de la Provincia de Buenos Aires (en medio de tierras fértiles) suelen sembrar cereales alrededor de la pista. Nuestro Aeroclub no tiene esa ventaja (estamos en la estepa Patagónica rodeado de tierras áridas) Nuestras entradas auxiliares (para subvencionar en parte las horas de vuelo de instrucción provenían de los vuelos sanitarios, transporte de políticos en épocas de elecciones y transporte de grandes bolsas de papel moneda que los bancos necesitan mover de sucursal a sucursal en una provincia de distancias enormes y no muy buenas rutas) La reglamentación de los seguros exigía que el personal de vuelo cuente con “piloto y copiloto”. Naturalmente que en el asiento de la izquierda (comandante) volaba siempre nuestro instructor de vuelo. El asiento de la derecha (copiloto) era disputado entre el resto de los socios, por varios motivos: a) cumplir con la reglamentación, b) volar acumulando horas de vuelo y experiencia “gratis”. c) el Aeroclub gastaba solo en el comandante, (profesional que vivía de eso) pero no gastaba un centavo en el copiloto. Como podrán imaginar (pese a las obligaciones personales “to make a living” que cada uno de nosotros teníamos),  a nuestro  club le sobraban ofertas para llenar la butaca derecha.  –  Al regreso de uno de esas tareas, después de muchas horas de vuelo y ya de noche yo estaba sentado en la butaca de la derecha, y Eduardo me había cedido el comando de ese tramo, para reclinar su butaca y tomarse una “siestita de relax y descanso. después de volar más de una hora comencé a notar una leve discordancia en la lectura del instrumental de vuelo, mi conclusión fue “estoy fuera de rumbo” posiblemente solo un grado de desviación o menos causado por un viento de costado, el error, insignificante al comienzo se fue haciendo cada vez mas fácil de apreciar a medida que avanzaba. El problema no era grave en absoluto y la corrección fácil de hacer, solo corregir el rumbo unos pocos grados en sentido contrario. Mi “challenge” era hacer esa maniobra tan pero tan “perfecta” para no despertarlo a Eduardo que estaba dormido con su cara al techo de la cabina sin posibilidad alguna de “espiar el tablero y los instrumentos. Les aseguro que el sonido de los motores no varió en absoluto, ejecute el pequeño giro en forma tan suave y coordinada que estoy seguro que no pudo haber ningún cambio apreciable en la presión del cuerpo de Eduardo contra la butaca. SI! Ya lo se “adivinaron”… pese a todo… en medio de la maniobra mi comandante se despertó se sentó  exclamó “QUE PASA?” hecho una mirada al tablero y sin esperar respuesta se reclino y siguió “durmiendo”. –
  2. MI accidente: Años después de episodio relatado en “La Fila 9”,  yo mismo sufrí un gravísimo accidente,  no volando sino volviendo de Bariloche a Gral. Roca en automóvil, mi coche (a gas licuado) exploto y se prendió fuego. Mi amiga falleció, su esposo y yo sobrevivimos con quemaduras gravísimas, por las que debimos soportar las penurias de una internación prolongada de casi tres meses, con cirugías, prácticamente día por medio. Al comienzo, en el stress agudo, aunque mi estado físico era lamentable, mi voluntad y estado psíquico estaban íntegros, (quizás por ser médico y aviador?) Sin ponernos de acuerdo, yo fui tomé el liderazgo, y mi amigo se recostó en mis decisiones. Pero a medida que pasaron las semanas me fui quebrando, al punto que al ser dado de alta mi estado físico era ya aceptable, pero síquicamente era una piltrafa, tenía una depresión tan profunda, que sin razón aparente alguna no podía dejar de llorar. Mi tratamiento principal era “laborterapia” en otras palabras “ponerse a trabajar y en lo posible hacer la vida de antes. Siguiendo ese plan, elegí un día precioso (Sol, visibilidad ilimitada y ausencia de viento) y me presente a mi instructor de vuelo para decirle: “Quiero Volar” (sabiendo que por no haber volado en los últimos 30 días reglamentariamente debía volar “doble comando” o sea volar con instructor el que me “tomaría examen” haciéndome hacer una a una todas las maniobras de vuelo; recién después de superarlas (a su criterio) podría volar solo. Mi sorpresa fue grande cuando Eduardo me contesto: ¿QUE?” … ¡ASI! ¿quieres volar? – y sin esperar mi respuesta, con gesto grave me miró  de cabeza a los pies y exclamo: ¿Con esos guantes quieres volar? – (Yo usaba unos guantes elásticos apretados para evitar la formación de cicatrices queloides hipertróficas)… yo no respondí… pero Eduardo se quedo pensando y el mismo se contesto: “…bueno… en realidad los pilotos de guerra vuelan con guantes “peores” que esos… Entonces ¿Porque NO? -Le conteste- “…mi licencia está vigente, no se ha vencido, aun tiene varios meses de vigencia, estoy en condiciones reglamentarias para volar con instructor” – “Porque “YO” no te veo bien y PUNTO”,  me contestó con tono que sin ser grosero fue lo suficientemente duro como para que no me queden dudas. Y agrego: “si quieres entrenamiento te vas  al hangar, elige el avión que quieras y practica maniobras de vuelo en especial “FUEGO a BORDO”… y antes de volver a verme RENUEVA tu licencia, y hay más: vos eres medico así que no la renueves  con tu colega de Roca, esta vez te vas  a re-habilitar en Gabinete”  (Se refería al Gabinete de Medicina Aeronáutica y espacial de la Fuerza Aérea en Bs. As. donde se examinan no solo los PP sino los comandantes de aerolíneas comerciales y los pilotos militares. Por supuesto que seguí sus indicaciones y fui a hacer prácticas al hangar. Me lleve la sorpresa de descubrir que era incapaz de ejecutar maniobras sencillísimas como mover los “trims” para la nivelación fina del avión en vuelo, no debido a los guantes sino a la torpeza y fuerza de los dedos de mis manos. Varias semanas más tarde, superada esa etapa (maniobras a bordo) sintiéndome ya mucho mejor, una noche me subí al Bus y después de 14 horas de viaje llegue a las puertas del Gabinete Aeronáutico que esta en los jardines de Palermo detrás el Planetario. Estaba en la mitad de la escalera, ya listo para entrar al gabinete, cuando me pregunte: ¿Qué estás haciendo Gastón?  Sin dudas estas mucho mejor, pero aun los movimientos finos de tus manos son torpes, tan torpes que  no puedes aun desabrochar y abrochar los botones de tu camisa…” Y sin pensarlo más di media vuelta y regresé  a Roca (esa vez, yo mismo me descalifiqué) Un mes más tarde esa parte ya la tenía perfectamente superada, las secuelas que me quedaban no eran visibles a menos que alguien pudiese mirar dentro de mi cráneo, me refiero a mi profunda depresión. El Gabinete, fui superando sin dificultad un examen detrás del otro (unos 10?) dejando para el final el que más me interesaba, el psiquiátrico. Cuando el siquiatra me atendió, miro mi legajo y amablemente me dijo: “Gastón, eres médico!, ¿Qué especialidad haces? –radiología- le conteste.  Bueno tienes todo en regla… y sin preguntarme nada más me despachó. – En el viaje de regreso no pude menos que comparar el trato especialmente amable y bien intencionado que recibí de mi colega; con el trato duro, seco, y aparentemente desconsiderado que recibí de Eduardo cuando en vez de darme instrucción doble comando como le pedí, me mandó a practicar maniobras de fuego a bordo, en el hangar. ¿Cuál de los dos creen que yo preferí 100 veces más? …  ¿Cuál hubieses preferido vos?
  3. La otra anécdota es aun más significativa, ocurrió años  después del accidente del avión Uruguayo que cayó en Mendoza, no muy lejos de mis pagos. Vivíamos épocas de elecciones El Presidente de la Nación era Raúl Alfonsín. Su partido había contratado el mejor de nuestros dos bimotores, y específicamente querían que el piloto fuese Eduardo de Castro. Alfonsín llegó por la mañana, tenia actividades programadas en Roca y por la noche debía estar en San Carlos de Bariloche. Eduardo ya había hecho el “Plan de Vuelo” y advertido claramente:  “Saldremos a “tal hora” si a esa hora no están todos junto al avión … no salimos, recién podremos salir mañana 2 horas antes de que salga el sol…”  – Por las razones que fuesen a la hora debida, no estaban junto al avión. Pese a insistencias, ruegos, presiones y hasta amenazas en nombre del Presidente de La Nación, Eduardo ni se perturbo y no despegó. Los hermanos Sartor tenían dos “camionetas tuercas” importadas, doble tracción y buenas cubiertas. En ellas salieron rumbo a Bariloche ya pasada la puesta de sol, Uno de los hermanos Sartor, el que llevaba al Presidente en su camioneta, le pidió que se coloque el cinturón de seguridad; Alfonsín lo intentó pero no lo soportó  diciendo que “…le molestaba por tener mucha panza…” El “comandante” Sartor no insistió, se subordinó  a los “deseos o capricho irresponsable del “jefe” Presidente de la Nación…” pero “no aflojo el pie del acelerador. Era invierno, el camino estaba helado, no pasaron muchos minutos cuando el “comandante” perdió el control y volcaron. El Presidente de la Nación casi muere allí mismo, no podía respirar por tener varias costillas rotas y un neumotórax. Fue trasladado a un sanatorio de Roca y de allí a Buenos Aires, a un Sanatorio Privado (no a ningún Hospital donde se atiende a “LA GENTE” . –  Las conclusiones sobre “liderazgo, toma de decisiones responsables, y diferencias en tener “AUTORIDAD” o tener “MANDO” queda para que cada lector ejercite su criterio y elija.

Ahora sí, (por fin dirán Uds.!) lo relativo a la charla de Fernando ParradoLa Fila 9”.  (http://www.tucumanalas7.com.ar/nota.php?id=20064)

El avión militar Uruguayo cayó en Malargüe (Sur de Mendoza) no muy lejos de donde esta nuestro Aeroclub. El accidente en sí, la búsqueda y las especulaciones “técnicas” sobre los errores que los pilotos militares uruguayos pudieron haber cometido fue tema de discusión obligado en nuestro Aeroclub. –  Pero aun mas lo fue cuando casi dos meses y medio más tarde aparecieron sobrevivientes en buen estado y con detalles de que habían sobrevivido “gracias” a la decisión de practicar la necrofagia.  –  Yo debo haber hecho un comentario piadoso justificando esa decisión, como todo el mundo lo ha hecho hasta el día de hoy!   –   Me oyó Eduardo y exclamo: duro, frio, prácticamente un reto criticando esa decisión, pero aunque se refería a los sobrevivientes, me miraba fijo de modo que no queden dudas que el reto era para mí,  no para ellos.

Palabras más o menos esto es lo que exclamo:

“… ¿Pero Que Tenían En Sus Cabezas Esos Muchachos?…

 ¡Todos Universitarios! “Jóvenes En Estado Físico Inmejorable!…  Puesto Que Eran Un Equipo De Rugby A Disputar Un Reto Deportivo Importante En Chile…

Tomaron La Decisión Correcta De Quedarse En Los Restos Del Avión Durante Los Primeros Días…”Eso Es Lo Que Se Debe Hacer”… 

Pero Pasado El Tiempo Sabían  Que La Busqueda Habia Sido Suspendida….

 ¿Porque, Entonces Se Quedaron?  ¿Esperando Que? ¿Que Se Les Acabe La Comida?    ¿Que De Casualidad Pase Alguien Por Alli?

¡No Cayeron Ni En El Ártico Ni En La Antártida!  ¡Cualquier Chico Con Sexto Grado De La Escuela Primaria Sabe Que La Cordillera De Los Andes Corre De Norte A Sur Y Es La Línea Divisoria Entre Chile Y Argentina….

Aunque Desde Los Restos De Ese Avión No Viesen Más Que Nieve… ¿Donde Creyeron Que Estaban? … En El Medio Del Sahara o del Amazonas  Congelado? ….

Como Universitarios No Tienen Ninguna Excusa Como Para No Saber Que Con Solo Caminar Al Oeste O Al Este Y Cuesta Abajo,  En Pocas Horas Encontrarían A Alguien… Tal Cual Ocurrió Cuando Lo Intentaron…

¡DE HABER PENSADO DIFERENTE  ES MUY POSIBLE QUE HUBIESE HABIDO MÁS SOBREVIVIENTES!

 

¡En todos estos años no he oído, visto, ni leído una sola crítica como esa!

Fue mi instructor demasiado “duro? ¿Insensible? ¿Despiadado? ¿Inmisericorde?

¡Yo NO LO CREO ASI! – Yo creo que es justamente ese el espíritu del LIDERAZGO raro y muy valioso que necesitamos en todos los campos…

Ustedes… que opinan?

¡Gracias Eduardo no solo por ensenarme a volar, aun mas importante me has ayudado a PENSAR mejor!

 

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